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Entre trago y trago (Alrevés, 2009), de Julián Ibáñez

Posted in 5 fiambres, Escritores españoles, Escritores europeos, Hombres que cuentan crímenes, Julián Ibáñez, Novela negra with tags , , , on 1 enero 2014 by uncadaverenmiblog

entretragoytragofullHijos de Cain

Hace años, cuando salté de la novela detectivesca de mi adolescencia a la novela negra americana, clasificaba mentalmente los autores de novela negra entre, por un lado, los hijos de Hammett y Chandler y, por el otro, los hijos de Cain, de James M. Cain. Los primeros tienen un caballero andante. Sui géneris, si se quiere: bebedores, violentos, desarraigados; alguno, hasta putero, pero son los héroes; los únicos posibles. Los hijos de Cain son lo mismo sin el héroe.

Ibáñez es hijo de Cain y en sus novelas no hay putas de buen corazón, proxenetas sensibles, ni delincuentes en busca de redención aunque, a veces, resulte tentador para el lector imaginarse lo que el autor no ha escrito. Lo que tampoco se va a encontrar son Cadillacs, gimlets, ni sheriff con sombrero. El paisaje de Ibáñez es una comarcal que va, por ejemplo, de Talavera a Gamonal, donde se encuentra el Oasis; al fondo, tomando el desvío en dirección al polígono está el Eros; pasada la gasolinera Repsol hay un bar donde se organizan timbas para desplumar primos los jueves por la noche. Allí suele estar el Renault del dueño aparcado y la subasta de camareras tiene lugar los lunes en la trastienda del Tatoo. El aparcamiento está detrás del edificio para que no se vea desde la carretera y llevamos un mes con temperaturas de 40 grados a la sombra y sin saber lo que es una nube. 200 páginas de paisajes sin ningún encanto; una guía de turismo para perdedores sin vocación junto a la que pasan a diario miles de automóviles.

Julián IbáñezComo buen hijo de Cain, en las novelas de Ibáñez el personaje femenino es clave porque, en sus mejores momentos, el género negro es un género de mujeres. De las que hacen que un hombre se sienta tan seguro como si cruzara una autopista caminando de rodillas; de las que les hacen olvidar que, en realidad están solos; que se están tomando un cubata en un vaso de tubo en un barracón encalado, con farolillos en la fachada, en la comarcal de Talavera a Gamonal una noche de julio y no funciona el aire acondicionado; que han dejado el coche en la penumbra para que no lo vean desde la carretera; que son malas -como ellos- y no los quieren. Y ellos lo saben. Pero de ese material de engaño, frustración y falta de esperanza están hechas las novelas de los hijos de Cain.

Leo en el último libro de José Luis Garci (Noir, Notorius 2013) la mejor definición de novela negra que he encontrado hasta la fecha: la buena novela negra nos dice dónde estamos. No dónde está el autor; eso no le interesa a nadie aunque no escaseen los escritores que están convencidos de lo contrario. La novela negra trata de dónde estamos y por eso tiene por fuerza que haber más abundancia y calidad en aquellos lugares que van a algún sitio. Por eso Julián Ibáñez es una rareza, una excepción, un escritor que no debería estar ahí, aunque por ese misterio de la literatura que la hace tan impredecible esté aquí, con nosotros, y tengamos oportunidad de leer a un escritor español de talla internacional.

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Ficha técnica:
Entre trago y trago (Alrevés, 2009), de Julián Ibáñez.
Tapa blanda con solapas.178 páginas.
Calificación: 5 Cadáveres (Excepcional)

Recomendaciones veraniegas de novela negra (2/2)

Posted in 3 fiambres, 5 fiambres, Dennis Lehane, Escritores de EE.UU., Escritores europeos, Escritores nórdicos, George Pelecanos, Hombres que cuentan crímenes, Jussi Adler-Olsen, Lawrence Block, Novela negra with tags , , , , , , , , , on 19 julio 2013 by uncadaverenmiblog

Segunda entrada con recomendaciones de novela negra. Al final, tal y como avisé, no me ha salido una lista muy equilibrada. He añadido dos novelas recientes de autores americanos contemporáneos, un nórdico y un clásico vivo de la novela negra de EE.UU. que acaba de reeditarse en España. Feliz lectura y feliz verano.

lo que fueexLo que fue (Aleph, 2013), de George Pelecanos (EE.UU., 1957).

Ha pasado casi desapercibida la última novela publicada en español de George Pelecanos, quizás uno de los mejores tres o cuatro autores de novela negra contemporáneos. Ambientada en 1972, es novela negra americana pura: acción, calles, coches, diálogos. Lo que fue es lo que ocurría en las calles de la capital de EE.UU. mientras se gestaba el escándalo Watergate. Que nadie espere aquí psicología explícita: la novela negra americana de toda la vida no es para los que les gusta que les den todo mascado, sino para los que quieren que les cuenten una historia y quieren sacar sus conclusiones. Sólo los americanos escriben así, después de todo, es su género, pero los aficionados hispanohablantes no estamos de suerte porque a Pelecanos nos lo traducen con cuentagotas. Esta oportunidad hay que aprovecharla. 5 cadáveres (Excepcional).

la mujerexDepartamento Q: la mujer que arañaba las paredes (Maeva, 2011) de Jussi Adler-Olsen (Dinamarca, 1950).

Me cansé en su día de los autores nórdicos porque casi nunca eran lo suficientemente buenos, porque estaban demasiado de vuelta de todo, porque eran demasiado tristes, porque  cuando -como es el caso de esta novela- intentan ser divertidos no me hacen gracia, y porque me resultan indescifrables los sueños de sus personajes. Esto último -lo de los sueños- ronda ya lo obsesivo. Me intriga saber si seré yo el único que se salta esas páginas o si en sus uniformadas escuelas la interpretación de los sueños es asignatura obligatoria. No obstante, para los que disfrutan con la novela negra nórdica esta es una buena recomendación. 3 Cadáveres (Buena)

vivir-de-noche-exVivir de Noche (RBA, 2013), de Dennis Lehane (EE.UU., 1965).

Sin lugar a dudas la peor novela de Lehane. Este autor no levanta cabeza y me pregunto si su decadencia es definitiva porque esta novela es un corta & pega de historias de gángsters que hemos visto y leído en montones de novelas y películas, pero sin la menor verosimilitud y muy poca originalidad. Los dilemas morales del autor de Boston quedaron atrás, esto es una exhibición de técnica de escritura: atmósferas, descripciones, narración de la acción … Todo con el mejor estilo del bostoniano, pero la espina dorsal, la historia del hijo del capitán de policía que se hace malo es decepcionante e inverosímil. Recomendable en todo caso porque Lehane es un escritor de primera y la técnica no se pierde. Y porque hay una historia de amor en la que aparece, cuando uno menos se lo espera, el mejor Lehane. Pero es un pequeño oásis en un desierto de mediocridad. A Lehane en todo caso hay que leerlo siempre por si un día decide regresar, pero si algún lector de este blog no ha leído nada de este autor, por favor que lea primero la serie de Kenzie-Gennaro y compare. 3 cadáveres (Buena).

Los pecados de nuestros padresLos pecados de nuestros padres (RBA, 2013), de Lawrence Block (EE.UU. 1938)

RBA es la editorial que ha decidido publicar en español parte del material descatalogado  o inédito de Lawrence Block, uno de los grandes de la novela negra americana de todos los tiempos y tal vez el único que pueda estar a la altura de Hammet, Chandler o Macdonald. Los pecados de nuestros padres, publicada originalmente en 1976, es la presentación de Matt Scudder, y sigue el esquema que se repetirá en el resto de la serie: alguien ha sido asesinado y a nadie le importa. El caso llega a Scudder, que es aparentemente la peor opción de la víctima porque se trata de un ex policía retirado de vivir, salvo en lo que a ponerse hasta arriba de bourbon en el Armstrong y visitar las iglesias de Nueva York se refiere. Se dirá que no es muy original, pero los seguidores de Block sabemos que en sus novelas todo es diferente. Por lo demás sus historias no se alargan demasiado y se podría decir que no hay quien escriba mejor novela negra de 200 páginas, pero más correcto sería afirmar que no hay autor vivo que escriba mejor novela negra que Lawrence Block. Imprescindible. 5 cadáveres (excepcional).

Centauros del desierto (Valdemar, 2013), de Alan Le May

Posted in 5 fiambres, Alan Le May, Autores, Clasificación de escritores por país de origen, Escritores de EE.UU., Hombres que cuentan crímenes, Novela negra with tags , , , on 3 junio 2013 by uncadaverenmiblog

Centauros del desierto, como novela negra

Centauros del desierto

Tras masacrar a una familia de colonos de Texas, una banda de indios comanches huye llevándose a las dos niñas supervivientes. El pariente más próximo de las víctimas dedica su vida a encontrar a los asesinos.  Un argumento como éste justifica a los que sostienen que la novela negra americana es el hijo oscuro y urbano del Western. O también lo contrario: que el Western es un tipo de género negro con caballos que atraviesan ríos, caballería, indios, noches al raso y praderas. Aunque, he visto tantas veces la película, sus caballos sobre la nieve, sus desiertos y sus ríos, y son tan potentes las imágenes de John Ford, que tras terminar la lectura se mezclan en mi cabeza las escenas de la película y el relato de la novela.

Leer la novela tenía sus riesgos: Centauros del desierto, la película, no me ha decepcionado jamás. Años después de verla por primera vez me aficioné al género negro y quizás sin saberlo he rastreado al vengativo y oscuro Ethan Edwards (Amos Edwards, en el libro) por cientos de novelas. A estas alturas del siglo XXI sigue sin estar claro en qué consiste el género negro pero en sus momentos más puros tiene que ver con un crimen y con un personaje que se niega a dejar que las cosas queden como están. En el caso que nos ocupa lo hace en parte por amor, por el recuerdo de la mujer asesinada que amó, pero sobre todo lo hace porque sí, porque es lo que tiene que hacer. El lector de novela negra no necesita más explicaciones.

wayneCierto que, en la novela, los personajes de Alan Le May no tienen el encanto de los personajes de Ford. Ni su encanto, ni su ternura, ni su compasión. Esto no es posible. Pero aunque sabía que lo iba a hacer antes de empezar la reseña, no es justo comparar una obra maestra del cine con su versión literaria. Centauros del desierto seguiría siendo excepcional si no se hubiera llevado al cine pero, asumido esto, tiene el interés adicional de desarrollar argumentos que en la película se tratan sólo de refilón. No decepciona.

En la lista de Sight & Sound de 2012 y tras haber permanecido ausente de los lugares de privilegio de la encuesta desde 1982, ha vuelto a aparecer Centauros entre las diez mejores películas de todos los tiempos. Pero el espíritu del obstinado Ethan Edwards permanece también en algunos personajes contemporáneos de novela negra y, si tuviera que decidirme por uno, elegiría a Hieronymus “Harry” Bosch, el detective obsesivo que coloca sobre su mesa fotos de víctimas olvidadas cuyos asesinos aún anda buscando. Una tarea para una vida. Solo que -al contrario de lo que ocurrió con el personaje de Alan Le May– no habrá  para Bosch un John Ford que filme su despedida.

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Ficha técnica:
Centauros del desierto (Valdemar/ Frontera, 2013), de Alan Le May.
Título original: The Searchers (1954)
Tapa dura.366 páginas.
Calificación: 5 Cadáveres (Excepcional)

La música del adiós (RBA, 2009), de Ian Rankin

Posted in 5 fiambres, Escritores británicos, Escritores europeos, Hombres que cuentan crímenes, Ian Rankin, Novela negra with tags , , , , , , on 22 octubre 2012 by uncadaverenmiblog

Cómo sobrevivir a John Rebus (I)

Ya consagrado como uno de los más reconocidos escritores de novela negra de los últimos veinte años y próximo a finiquitar la serie de diecisiete novelas del inspector Rebus que le había dado la fama, Ian Rankin (Fife, Escocia, 1960) afirmó que Black and Blue –la octava de la serie- era su favorita y que sólo a partir de ésa consideraba que sus novelas fuesen realmente buenas.

Tal vez fue entonces cuando encontrase definitivamente el molde que reproduciría hasta el final de la serie; un cóctel formado por varios casos de asesinato que se entrecruzan, problemas de disciplina con sus jefes y compañeros, algo de anarquía, un punto de caos, muchas marcas de whisky, muchos pubs, y un trasfondo tomado de la actualidad de Escocia: petróleo, nacionalismos, burbuja inmobiliaria, matanzas en las escuelas, operaciones ocultas de las SAS, droga o asesinos en serie que nunca fueron encontrados. Incluso en Edimburgo, la realidad no anda escasa de acontecimientos con los que decorar su larga serie de novelas.

Tanto explotó la fórmula a partir del gran éxito de ventas y crítica que obtuvo con Black and Blue, que es un milagro que Rebus llegase a La música de adiós como inspector en activo de la policía de Edimburgo. Pero aunque le han acusado de reescribir una y otra vez la misma novela desde entonces, hay que reconocer que existe una evolución coherente desde el cabezota e idealista ex miembro de las SAS que nos muestra en Nudos y cruces –la primera novela de la serie- al Rebus casi grotesco de La música de adiós, de tan cínico, marginal y sarcástico que ha acabado mostrándose, tan cargado de alcohol como de ya indisumulada ira, sentimiento de culpa y soledad.

Años después, Rankin declararía que todo empezó cuando, siendo aún un doctorando de Literatura Inglesa, escribió su primera novela con la intención de revisitar un mito tan escocés como el de Jeckyll y Hyde, aunque resulta sorprendente que -según afirma- nunca pretendiese que le encuadrasen como autor de género ni esperase encontrar su primera novela de Rebus en el estante de los libros de novela negra de las librerías.  Extraña declaración del más significado representante del tartan noir que podría hacer pensar al lector que Rankin no se lee sus propias novelas antes de entregarlas a su editor pero que en realidad muestra el patrón de comportamiento clásico del escritor de novela negra; aquel que revela que aún sueña con pertenecer al club de los escritores respetables que forman aquellos autores de los que queda bien decir que se es lector. Vana aspiración de casi todos ellos principalmente cuando –como ocurre con Rankin– se es un autor adictivo que figura en el Guinness por haber colocado simultáneamente ocho novelas en la lista de las diez  más vendidas en EscociaRebus debe de estar partiéndose de risa.

Pero tal vez no sea eso. Tal vez se trate simplemente de que su sueño de estudiante fuese que un día alguien le incluyese en la noble lista de escritores escoceses ilustres y populares. Pero dado que en algún momento Rankin decidió separarse de la tradición del policiaco británico para adherirse al hardboiled americano, será más probable que alguien del futuro recuerde su nombre junto a los de James Ellroy, Dennis Lehane, Lawrence Block o Michael Connelly -con los que se encuentra directamente emparentado- que junto a los autores de novela policiaca británicos de hoy, de ayer, o los clásicos escoceses del siglo XIX con los que pretendía identificarse cuando empezó a escribir.

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Ficha técnica:
La música de adiós (RBA, 2010), de Ian Rankin.
Título original: Exit Music (2007)
Tapa blanda con solapas.487 páginas.
Calificación: 5 Cadáveres (Excepcional)

Asesinato en el Kibbutz (Siruela, 2002), de Batya Gur

Posted in 5 fiambres, Batya Gur, Clasificación de escritores por país de origen, Escritores resto del mundo, Mujeres que cuentan crímenes, Novela negra with tags , , , on 22 septiembre 2012 by uncadaverenmiblog

Entre las mejores novelas que he leído en los últimos diez años se encuentra Asesinato en el Kibbutz (Siruela, 2002), de Batya Gur (Tel Aviv, 1947 – 2005), la  profesora de literatura que tenía pendiente escribir una novela y escogió el género policiaco porque le ofrecía un  esquema definido sobre el que  volcar las historias que nos quería contar.

Aunque esta es una entrada de homenaje que le debía a la autora y no debería empezar por lo negativo, hay que decir que para mi sorpresa no a todo el mundo le gusta la Gur. Tal vez sea por los diálogos realistas, a veces confusos, o por las diferentes líneas argumentales que se entretejen y que en ocasiones la autora se detiene a describir con parsimonia.  Batya Gur es una de esas autoras que requieren reposo, tiempo para disfrutar su relato y la atención del lector. Pero es de lo mejor que se ha publicado en los últimos diez años.

Es lo que ocurre cuando un autor tiene muchas cosas que contar. El máximo exponente de esto es Asesinato en directo, su novela póstuma, donde parece querer meter todos los personajes y tramas secundarias que tenía pendiente incluir en su serie mientras hace pasar al detective Ohayon por la tortura de dejar de fumar que ella misma tuvo que padecer.  Con todo, es una de sus mejores novelas; al mismo nivel que Asesinato en el corazón de Jerusalén y sólo algo por debajo de Asesinato en el Kibbutz. Batya Gur estaba en plena forma aunque su novela póstuma tiene el aire triste del que sabe que está haciendo algo por última vez. Tal vez por eso añade una coda en la que Ohayon y su hijo  conversan sobre la pureza del país soñado y la realidad sucia en que viven mientras desayunan en una cafetería de Jerusalén; sobre la razón de ser del estado de Israel y si, después de todo, el esfuerzo tiene sentido. En realidad, esas preguntas sobrevuelan todas sus novelas desde el comienzo.

Batya Gur es una especie de PD James en versión judía y melancólica. Como ocurre con la autora inglesa, los crímenes se resuelven poco a poco entre la nostalgia de lo que quisimos ser y la realidad de lo que finalmente fuimos. Por eso no es extraño que los asesinos de sus novelas maten por amor: por amor a una mujer o a un hombre, sí, pero sobre todo a unas ideas, a una comunidad, a una historia personal. Es el procedimiento policial lo que guía la narración pero aunque los lectores de la escritora israelí sabemos que habrá un desenlace, lo más interesante es lo que se observa por la ventana del libro en el camino. Una ventana que además nos da a conocer un país y una comunidad compleja y desconocida para muchos de nosotros, pero no sería buena literatura si no fuésemos capaces de reconocernos en sus personajes y sus historias a pesar de la distancia, más supuesta muchas veces que real pues Israel no deja de ser un pedazo de Occidente en Oriente Medio y tenemos más motivos para identificarnos con ellos de lo que muchos querrían reconocer.

Pero lo que nos resulta evidente a los lectores de Batya Gur no aparece publicado en la mayoría de los obituarios ni en la Wikipedia, donde la proclaman sorprendentemente la Agatha Christie israelí. Otros la han incluido en una supuesta corriente formada por autores de novela negra mediterráneos e incluso la comparan con Vázquez Montalbán. Pocas cosas pueden resultar más injustas porque en lo fundamental hay sólo dos géneros literarios: la buena literatura y el resto. Y Montalbán y Batya Gur no pertenecen al mismo grupo.

Pocos años después de descubrir a la autora israelí nos enteramos con tristeza de que ya no podríamos esperar novedades suyas en las librerías. Tal vez dentro de 20 años –si estamos aquí para contarlo- reediten las novelas de Batya y los que leímos las ediciones de Siruela podamos decir orgullosos que nosotros estuvimos allí; que leímos esas primeras ediciones en español cuando se publicaron y que hicimos de la escritora uno de esos autores que sentimos como nuestros. ¿Nos parecerán entonces tan buenas sus novelas o -como a muchos de sus personajes- nos engañarán nuestros mentirosos recuerdos? EL tiempo y los nuevos lectores decidirán.

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Ficha técnica:
Asesinato en el kibbutz (Siruela, 2002), de Batya Gur.
Título original: (1991) מכביש הרעב שמאלה
Tapa blanda con solapas. 318 páginas.
Calificación: 5 Cadáveres (excepcional)

El último buen beso (RBA, 2011) de James Crumley

Posted in 5 fiambres, Escritores de EE.UU., Hombres que cuentan crímenes, James Crumley, Novela negra with tags , , , on 18 septiembre 2011 by uncadaverenmiblog

Si James Crumley (Three Rivers, Texas, EE.UU., 1939 – Missoula, Montana, EE.UU., 2009) sólo hubiese narrado las idas y venidas de un pobre diablo por el oeste de EE.UU. tal vez se hubiese convertido igual en un escritor de culto pero con seguridad no hubiese escrito una novela tan buena. El periplo del detective C.W. Sughrue incluye todo el catálogo que se podría esperar de una desmadrada road movie por el oeste de EE.UU.: sexo barato en moteles polvorientos donde nadie hace preguntas, alcohol de garrafón, bares repletos de humo, perdedores y olor a sudor, una nevera en el coche para mantener las cervezas frías y pueblos de mala muerte con sheriffs poco amigos de perroflautas de poco madrugar y menos a pasar por la ducha. El hecho de que al protagonista le hayan encargado localizar a un escritor desaparecido recuerda El largo adiós (Raymond Chandler, 1953) pero este personaje es tan excesivo que podría confundirse con un disparate típico de guionistas de Hollywood pasados de rosca si no fuese porque por el camino acepta un trabajo imposible por $87 USD.

Surghue y quién sabe si también el propio Crumley representan esa ética tan americana de tomar la vida según te llega sin quejas ni celebraciones. La ética del haz lo que quieras siempre y cuando no esperes que sea otro el que pague la factura por ti. Pero al final, lo que hace de esta novela algo más que un desmadre alcoholizado son los $87; es decir, la innegociable compasión por la adolescente que desapareció macerada con melancolía, escepticismo y mucho pesimismo post Vietnam. Así que el detective C.W. Sughrue puede ser un pobre diablo, pero habría suscrito sin dudar las palabras de su antecesor:

Soy un romántico, Bernie. Durante la noche oigo gemidos y voy a ver qué pasa.  (El largo adios, Raymond Chandler)

Excesivo, con más sentido del humor, similares dosis de marginalidad e idéntica exigencia literaria, Crumley recuerda a Lawrence Block. Dos eslabones entre los grandes del género y los que triunfaron a finales del siglo XX. Si ser un escritor de culto es sinónimo de alta consideración por parte de la crítica, elogiosas referencias por parte de sus colegas escritores y pocas ventas, Crumley encarna esta condición mejor que cualquier otro autor. Así lo atestiguan las críticas esparcidas a lo largo y ancho de Internet, los obituarios en los más importantes periódicos anglosajones y el reconocimiento de escritores como Lehane, Pelecanos o Connelly, que vinieron detrás de él, recogieron el testigo del hardboiled americano y que –ellos sí- acabaron convirtiéndose en bestselling authors.

Hollywood le pagó durante diez años por escribir guiones que jamás se convirtieron en películas y ninguna novela suya fue llevada nunca al cine. En una entrevista que le hicieron antes de morir reconoce que no le hubiese importado  haber sido el autor de bestsellers que nunca fue. Lo que no sabremos es cuánto de sus ventas hubiesen dado los autores de bestsellers que le sucedieron a cambio de escribir una novela tan buena como El último buen beso.

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Ficha técnica:
El último buen beso (RBA, 2011), de James Crumley.
Título original: The Last Good Kiss (1978)
Tapa blanda con solapas. 304 páginas.
Calificación: 5 Cadáveres (Excepcional)

La piscina de los ahogados (RBA, 2011), de Ross Macdonald

Posted in 5 fiambres, Autores, Escritores de EE.UU., Hombres que cuentan crímenes, Novela negra, Ross Macdonald with tags , , , on 22 junio 2011 by uncadaverenmiblog

La mirada del pecado

Dicen que fue a comienzos de los 60, apenas diez años después de que publicase la primera novela protagonizada por Lew Archer, que los críticos comenzaron a incluir a Ross Macdonald (California, 1915 – 1983) en el triunvirato de los grandes de la novela negra americana que completaban Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Una terna de autores tan respetable  que hasta un crítico literario de un suplemento cultural los podría elogiar sin vergüenza porque cuentan con el consenso de estar entre los mejores escritores del siglo XX de cualquier género literario. Y para muchos el mejor de los tres fue Macdonald.

Hammett, el más directo y natural, había nacido para crear un género; Chandler, más culto, aportó sofisticación pero donde Chandler ponía ironía, Macdonald puso sarcasmo y si los protagonistas de los dos primeros buscaban llevar la justicia a las calles, el detective de Macdonald buscaba algo mucho menos ambicioso pero más peligroso: Lew Archer buscaba la Verdad.

Hay que decir en honor a Macdonald que desde su incorporación al club de los grandes del hard boiled, este selecto grupo echó el cierre y no admite nuevas incorporaciones. Pero Macdonald es otra cosa y aunque sólo diez años separan la primera novela de Lew Archer (El blanco móvil, 1949) de la primera de Philip Marlowe (El sueño eterno, 1939) y veinte de la primera de Hammett (Cosecha roja, 1929), es toda una época lo que les separa pues el mundo de Hammett y Chandler ya no existe mientras que el de Macdonald sigue siendo plenamente contemporáneo.

Y si sus predecesores tuvieron algo de lúdico, en Macdonald siempre hubo más dolor. Si el Agente de la Continental o Marlowe tuvieron algo de caballero andante o de cirujano que extirpa de raíz el mal, el detective de Macdonald ejerció más como notario que levanta acta, como sacerdote que da la extremaunción o como médico forense realizando una autopsia. Aunque sus clientes no lo sepan, cuando Lew Archer entra en escena queda poco por hacer salvo conocer la desconsoladora pero liberadora verdad.

No falta quien comenta que Ross Macdonald se pasó toda su vida escribiendo la misma novela; historias con su mansión californiana con piscina habitada por mujeres que huelen a cloro y a sexo y vestidas con ropa de deporte e ira. Mujeres atrapadas y adolescentes perdidas; hombres brutales, egoístas, soñadores, crueles y frágiles. Hombres y mujeres con miedo y miradas tristes, la mirada del pecado. Casi todos infelices. Qué más da. Su novela era tan buena que podría haberla escrito treinta veces en vez de las diecisiete que forman la serie de Lew Archer.

Escritoras de la talla de PD James (Todo lo que sé sobre novela negra, Ediciones B, 2010) confiesan que de entre el triunvirato de grandes del hard-boiled, Macdonald es su favorito y le considera el maestro de los epítetos. Pero al contrario que sus compañeros de terna, pocas novelas suyas se encuentran en las librerías en español por lo que es de agradecer el que RBA esté poco a poco reeditando sus libros. La piscina de los ahogados, la segunda novela del autor, ha sido la última en ser publicada por esta editorial y es una de las pocas del autor que han sido llevadas al cine. Muestro a continuación una escena de la peli.

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Ficha técnica:
La piscina de los ahogados (RBA, 2011), de Ross Macdonald.
Título original: The Drowning Pool (1950)
Tapa blanda con solapas.272 páginas.
Calificación: 5 Cadáveres (Excepcional)
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