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Recomendaciones veraniegas de novela negra (2/2)

Posted in 3 fiambres, 5 fiambres, Dennis Lehane, Escritores de EE.UU., Escritores europeos, Escritores nórdicos, George Pelecanos, Hombres que cuentan crímenes, Jussi Adler-Olsen, Lawrence Block, Novela negra with tags , , , , , , , , , on 19 julio 2013 by uncadaverenmiblog

Segunda entrada con recomendaciones de novela negra. Al final, tal y como avisé, no me ha salido una lista muy equilibrada. He añadido dos novelas recientes de autores americanos contemporáneos, un nórdico y un clásico vivo de la novela negra de EE.UU. que acaba de reeditarse en España. Feliz lectura y feliz verano.

lo que fueexLo que fue (Aleph, 2013), de George Pelecanos (EE.UU., 1957).

Ha pasado casi desapercibida la última novela publicada en español de George Pelecanos, quizás uno de los mejores tres o cuatro autores de novela negra contemporáneos. Ambientada en 1972, es novela negra americana pura: acción, calles, coches, diálogos. Lo que fue es lo que ocurría en las calles de la capital de EE.UU. mientras se gestaba el escándalo Watergate. Que nadie espere aquí psicología explícita: la novela negra americana de toda la vida no es para los que les gusta que les den todo mascado, sino para los que quieren que les cuenten una historia y quieren sacar sus conclusiones. Sólo los americanos escriben así, después de todo, es su género, pero los aficionados hispanohablantes no estamos de suerte porque a Pelecanos nos lo traducen con cuentagotas. Esta oportunidad hay que aprovecharla. 5 cadáveres (Excepcional).

la mujerexDepartamento Q: la mujer que arañaba las paredes (Maeva, 2011) de Jussi Adler-Olsen (Dinamarca, 1950).

Me cansé en su día de los autores nórdicos porque casi nunca eran lo suficientemente buenos, porque estaban demasiado de vuelta de todo, porque eran demasiado tristes, porque  cuando -como es el caso de esta novela- intentan ser divertidos no me hacen gracia, y porque me resultan indescifrables los sueños de sus personajes. Esto último -lo de los sueños- ronda ya lo obsesivo. Me intriga saber si seré yo el único que se salta esas páginas o si en sus uniformadas escuelas la interpretación de los sueños es asignatura obligatoria. No obstante, para los que disfrutan con la novela negra nórdica esta es una buena recomendación. 3 Cadáveres (Buena)

vivir-de-noche-exVivir de Noche (RBA, 2013), de Dennis Lehane (EE.UU., 1965).

Sin lugar a dudas la peor novela de Lehane. Este autor no levanta cabeza y me pregunto si su decadencia es definitiva porque esta novela es un corta & pega de historias de gángsters que hemos visto y leído en montones de novelas y películas, pero sin la menor verosimilitud y muy poca originalidad. Los dilemas morales del autor de Boston quedaron atrás, esto es una exhibición de técnica de escritura: atmósferas, descripciones, narración de la acción … Todo con el mejor estilo del bostoniano, pero la espina dorsal, la historia del hijo del capitán de policía que se hace malo es decepcionante e inverosímil. Recomendable en todo caso porque Lehane es un escritor de primera y la técnica no se pierde. Y porque hay una historia de amor en la que aparece, cuando uno menos se lo espera, el mejor Lehane. Pero es un pequeño oásis en un desierto de mediocridad. A Lehane en todo caso hay que leerlo siempre por si un día decide regresar, pero si algún lector de este blog no ha leído nada de este autor, por favor que lea primero la serie de Kenzie-Gennaro y compare. 3 cadáveres (Buena).

Los pecados de nuestros padresLos pecados de nuestros padres (RBA, 2013), de Lawrence Block (EE.UU. 1938)

RBA es la editorial que ha decidido publicar en español parte del material descatalogado  o inédito de Lawrence Block, uno de los grandes de la novela negra americana de todos los tiempos y tal vez el único que pueda estar a la altura de Hammet, Chandler o Macdonald. Los pecados de nuestros padres, publicada originalmente en 1976, es la presentación de Matt Scudder, y sigue el esquema que se repetirá en el resto de la serie: alguien ha sido asesinado y a nadie le importa. El caso llega a Scudder, que es aparentemente la peor opción de la víctima porque se trata de un ex policía retirado de vivir, salvo en lo que a ponerse hasta arriba de bourbon en el Armstrong y visitar las iglesias de Nueva York se refiere. Se dirá que no es muy original, pero los seguidores de Block sabemos que en sus novelas todo es diferente. Por lo demás sus historias no se alargan demasiado y se podría decir que no hay quien escriba mejor novela negra de 200 páginas, pero más correcto sería afirmar que no hay autor vivo que escriba mejor novela negra que Lawrence Block. Imprescindible. 5 cadáveres (excepcional).

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Centauros del desierto (Valdemar, 2013), de Alan Le May

Posted in 5 fiambres, Alan Le May, Autores, Clasificación de escritores por país de origen, Escritores de EE.UU., Hombres que cuentan crímenes, Novela negra with tags , , , on 3 junio 2013 by uncadaverenmiblog

Centauros del desierto, como novela negra

Centauros del desierto

Tras masacrar a una familia de colonos de Texas, una banda de indios comanches huye llevándose a las dos niñas supervivientes. El pariente más próximo de las víctimas dedica su vida a encontrar a los asesinos.  Un argumento como éste justifica a los que sostienen que la novela negra americana es el hijo oscuro y urbano del Western. O también lo contrario: que el Western es un tipo de género negro con caballos que atraviesan ríos, caballería, indios, noches al raso y praderas. Aunque, he visto tantas veces la película, sus caballos sobre la nieve, sus desiertos y sus ríos, y son tan potentes las imágenes de John Ford, que tras terminar la lectura se mezclan en mi cabeza las escenas de la película y el relato de la novela.

Leer la novela tenía sus riesgos: Centauros del desierto, la película, no me ha decepcionado jamás. Años después de verla por primera vez me aficioné al género negro y quizás sin saberlo he rastreado al vengativo y oscuro Ethan Edwards (Amos Edwards, en el libro) por cientos de novelas. A estas alturas del siglo XXI sigue sin estar claro en qué consiste el género negro pero en sus momentos más puros tiene que ver con un crimen y con un personaje que se niega a dejar que las cosas queden como están. En el caso que nos ocupa lo hace en parte por amor, por el recuerdo de la mujer asesinada que amó, pero sobre todo lo hace porque sí, porque es lo que tiene que hacer. El lector de novela negra no necesita más explicaciones.

wayneCierto que, en la novela, los personajes de Alan Le May no tienen el encanto de los personajes de Ford. Ni su encanto, ni su ternura, ni su compasión. Esto no es posible. Pero aunque sabía que lo iba a hacer antes de empezar la reseña, no es justo comparar una obra maestra del cine con su versión literaria. Centauros del desierto seguiría siendo excepcional si no se hubiera llevado al cine pero, asumido esto, tiene el interés adicional de desarrollar argumentos que en la película se tratan sólo de refilón. No decepciona.

En la lista de Sight & Sound de 2012 y tras haber permanecido ausente de los lugares de privilegio de la encuesta desde 1982, ha vuelto a aparecer Centauros entre las diez mejores películas de todos los tiempos. Pero el espíritu del obstinado Ethan Edwards permanece también en algunos personajes contemporáneos de novela negra y, si tuviera que decidirme por uno, elegiría a Hieronymus “Harry” Bosch, el detective obsesivo que coloca sobre su mesa fotos de víctimas olvidadas cuyos asesinos aún anda buscando. Una tarea para una vida. Solo que -al contrario de lo que ocurrió con el personaje de Alan Le May– no habrá  para Bosch un John Ford que filme su despedida.

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Ficha técnica:
Centauros del desierto (Valdemar/ Frontera, 2013), de Alan Le May.
Título original: The Searchers (1954)
Tapa dura.366 páginas.
Calificación: 5 Cadáveres (Excepcional)

Perdida (Gone Girl) (Roja y negra, 2013), de Gillian Flynn

Posted in 4 fiambres, Escritores de EE.UU., Gillian Flynn, Mujeres que cuentan crímenes, Novela negra with tags , , , on 1 abril 2013 by uncadaverenmiblog

PerdidaSe ha venido en llamar a una determinada manera de hacer novela negra Thriller Psicológico, y consiste en que el autor revela al lector lo que sus personajes piensan, sienten y desean; lo que parecen y lo que creen que aparentan a los demás. Si está bien hecho, es una manera de narrar un tanto desasosegante porque la novela negra trata sobre el mal, y el mal antes de convertirse en cualquier otra cosa, es pensamiento.

Se considera a Patricia Highsmith la maestra absoluta de esta manera de entender la novela negra. La autora tejana colocaba sobre un trasfondo de superficialidad y banalidad unos personajes que causaban estragos porque eran capaces de ver a los demás como eran pero no se sometían a sus reglas; fríos, amorales, inteligentes y difíciles de detectar, simulan ser como los demás pero no sienten empatía alguna ni parecen respirar el mismo aire que los que les rodean. Por eso, si ven la oportunidad, pueden ahogar al amante de su mujer en la piscina de su chalet, mientras apuran su gin tonic y suena de fondo Ella Fitzgerald, sin que les suban las pulsaciones más que cuando ven el Festival de Eurovisión. Si el autor es bueno, en estas historias se siente la tensión hasta cuando abren la nevera para sacar la leche.

 ¡Qué no hubiera escrito la Highsmith en los tiempos actuales! Aunque de eso parece encargarse Gillian Flynn (Kansas, EE.UU., 1971) porque, como afirma el editor en la contraportada de Perdida (Roja y Negra, 2013), esta novela se parece a lo mejor y más turbulento de la autora de El talento de Mr. Ripley.

Gillian FlynnLos protagonistas de Perdida comienzan jugando a ser Francis Scott Fitzgerald en Nueva York, luego juegan a estar casados. Luego algo se tuerce, y en vez de divorciarse juegan a otra cosa mientras los medios juegan a que informan y la policía juega a que investiga. Aunque lo que conocerá el lector y no los personajes es que, en realidad, todos son  juguetes de un personaje  prestado de una novela de Patricia Highsmith.

Quien eche de menos a la autora de Tejas disfrutará con Perdida. Quien –como el que esto escribe- esperase a la autora de Kansas con impaciencia a  tras leer  la magnífica La llamada del Kill Club, la celebrará por partida doble. Porque de entre las toneladas de novedades de novela negra que se encuentra en los escaparates de las librerías,  Gillian Flynn es -junto con Tana French y Laura Lippman-, lo mejor que nos llega traducido.

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Ficha técnica:
Perdida (Gone Girl) (Random House, 2013), Colección Roja y Negra, de Gillian Flynn.
Título original: Gone Girl (2012)
Tapa blanda.567 páginas.
Calificación: 4 Cadáveres (Muy buena)

Frío como el acero (Factoría de Ideas, 2012), de Dan Simmons

Posted in 2 fiambres, Dan Simmons, Escritores de EE.UU., Hombres que cuentan crímenes, Novela negra on 5 febrero 2013 by uncadaverenmiblog

Frío como el acero

Hace años que Dan Simmons (Illinois, EE.UU., 1948) figura en todas las antologías de la ciencia ficción principalmente por las novelas de Hyperion, una larga y ambiciosa historia dividida en dos volúmenes donde parecía querer sintetizar todo un género y escribir la novela de ciencia ficción total. Un género el de la ciencia ficción donde se habla del futuro y de mundos remotos pero que en sus mejores momentos es un destilado del presente en el que nos cuentan cómo somos y cómo pensamos nosotros aquí y ahora; el presente que percibe el autor proyectado y amplificado aunque, en el caso que nos ocupa y una vez leías las casi 1500 páginas de las novelas sobre Hyperion, no supe si me habían tomado el pelo, si es que el autor era un ingenuo o si tal vez éste pensaba que lo era el lector.

Como buen profesor de literatura inglesa, introdujo mucha metaliteratura en Hyperion, e incluso incluía un relato en el que homenajeaba El largo adiós de Raymond Chandler. Por eso no es de extrañar que con los años escribiera una serie de novela negra  estándar, sin mundos remotos, viajes por el tiempo ni máquinas inteligentes de la que Frío como el acero forma parte. Pero aunque la novela negra nunca ha tenido las pretensiones de la ciencia ficción y su ámbito de acción ha sido siempre más la moral que la metafísica, también ha exigido más verosimilitud que su compañera literaria y la trama de esta novela está demasiado sobrecargada de mafias, asesinos en serie, corrupción, traficantes e incluso agentes de la CIA. Le ha faltado meter al KGB y alguna mención al asesinato de Kennedy para cubrir con superficialidad todo el catálogo de lugares comunes del género mediante una trama que, por lo demás, tiene más fugas que el colador de la leche. Tan sólo el trasfondo ruinoso de la industria pesada de EE.UU. en la época actual de los Google y Apple aporta credibilidad e interés.

Dan SimmonsSi el autor quería escribir una serie de novelas alimenticias para pescar en los abundantes caladeros de lectores de la novela negra, probablemente haya tenido éxito. Si pretendía aportar algo al género negro, su fracaso es estrepitoso. Pero si dijera que el maestro de la ciencia ficción, Dan Simmons, ha escrito una novela flojilla no podría justificar por qué me convenció para que la leyese hasta el final. Es el misterio de los escritores con oficio, que consiguen a pesar de todo atraparte hasta el final de su novela.

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Ficha técnica:
Frío como el acero (Factoría de ideas, 2012), de Dan Simmons.
Título original: Hard as Nails (2003)
Tapa blanda con solapas.318 páginas.
Calificación: 2 Cadáveres (Entretenida)

Luna de casino (ES POP, 2012), de Peter Blauner

Posted in 4 fiambres, Escritores de EE.UU., Hombres que cuentan crímenes, Novela negra, Peter Blauner with tags , , , on 6 noviembre 2012 by uncadaverenmiblog

Los Soprano en Atlantic City

En la navidad de 1945, Michael Corleone pasea con su prometida por una avenida de Nueva York tras asistir a la proyección de Las campanas de Santa María (Leo McCarey, 1945). Suena de fondo Bing Crosby cantando Have Yourself a Merry Little Christmas y Kay le pregunta a su novio si la querría más si se pareciese un poco a Ingrid BergmanMichael está viviendo los últimos instantes de la vida que habría querido vivir y no imagina que en la última página de la novela de Mario Puzo, Kay rezará por la salvación de su alma. En realidad, aunque el decorado de la historia lo pone la mafia italiana, El padrino fue siempre, más que una novela de gangsters, una tragedia clásica que podría haber transcurrido en uno de los escenarios imaginarios de Shakespeare.

En paralelo a la saga de El padrino se desarrolló un género aparentemente relacionado pero de muy distinta naturaleza donde se describía la vida cotidiana del mundo del hampa. De este pelaje era Uno de los nuestros (Martin Scorsesse, 1990) que tuvo el mérito de inspirar la imponente serie de TV Los Soprano. Ante el realismo y la sórdida mezquindad de estos horteras de bolera tenían que caer en pedazos los mitos y el aura romántica del la mafia italoamericana que creó El padrino; aquí no hay espacio para la melancolía del atormentado Michael Corleone porque sus protagonistas son depredadores voluntarios por instinto y vocación que no cuentan con más virtud que el de conocer las debilidades humanas para explotarlas y parasitarlas. Con todo, es un mundo en descomposición que sólo aspira a la supervivencia: de los años 30 al siglo XXI ha llovido demasiado y sólo si son lo suficientemente insignificantes podrán eludir la omnipotencia del Estado en nuestros días

Aunque escrita en 1994 y anterior a Los Soprano, Luna de casino (ES POP, 2012) pertenece al mismo género y es una notable novela de gangsters sórdidos manchados de sangre y grasa de salami. Sin melancolía ni deseos de redención y mucha decadencia. Una novela de malas rachas, boxeadores sonados, prostitutas de buen corazón, perdedores, corrupción y promotores deportivos que dejan en pañales a los casposos mafiosos de finales del siglo XX. El que haya visto la serie de Los Soprano reconocerá de inmediato el ambiente y sus protagonistas.

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Ficha técnica:
Luna de casino (Es Pop, 2012), de Peter Blauner.
Título original: Casino Moon (1994)
Tapa blanda con solapas.393 páginas.
Calificación: 4 Cadáveres (Muy buena)

Fría venganza (Siruela, 2012), de Craig Johnson

Posted in 4 fiambres, Craig Johnson, Escritores de EE.UU., Hombres que cuentan crímenes, Novela negra with tags , , , on 3 abril 2012 by uncadaverenmiblog

Absaroka, el ficticio condado del estado de Wyoming donde se ambienta esta novela, estaría cerca del lugar donde Custer murió con la botas puestas y próximo a una hipotética reserva cheyene.

Siglo y medio atrás, a un pueblo como ése podría haber llegado en diligencia James Stewart con sus libros de leyes dispuesto a civilizarlo pero hoy, en vez de una herrería, un salón y una casa de comidas donde sirven bistecs con guisantes, encontraría una gasolinera Texaco, un bar de copas donde nadie juega a las cartas y una cafetería donde ponen desayunos que resucitan a los muertos. En un sitio así hoy hay una tienda de deportes en vez de un drug store y la casa de putas ni la nombran por lo que cabe asumir que hace tiempo que la derribaron y construyeron una guardería en su lugar. El triunfo civilizador del abogado Ransom Stoddard ha sido total. Por eso, cuando alguien avisa de que se ha encontrado un cuerpo en la llanura, el sheriff pensará de primeras que se trata de otra oveja muerta y delegará en su ayudante para que se acerque y eche un vistazo.  Es viernes por la tarde y hora de irse a casa pero no sin antes pasarse por el súper y comprar un pack de cervezas que le hagan compañía mientras pasa una excitante tarde-noche de viernes solo en su casa, frente al televisor.

Dado que Fría venganza es la primera novela de Craig Johnson (EE.UU., 1961) y la primera de la serie protagonizada por el sheriff Walt Longmire,  la primera parte del libro la dedica a presentarnos el pueblo y sus pintorescos personajes. Se diría que durante esta parte del libro, el autor se ha marcado como reto que todos y cada uno de los diálogos sean ocurrentes, imaginativos y cargados de ironía, y a la historia le cuesta arrancar; pero cuando lo hace es imparable.

Es entonces cuando se muestra que, a pesar de que el Oeste ya no es lo que era, Fría venganza es más un western que una novela negra. Más uno de Howard Hawks que de Ford. Con vaqueros viejos, cansados de dar vueltas; sheriffs con sombrero, escopeta, socarronería y amistades de esas en las que no hace falta decirse nada. Solitarios pero no necesariamente por elección propia; duros pero avergonzados de ser, en el fondo, unos sentimentales. Si aceptamos que la novela negra americana es una versión actualizada de los westerns, entonces diremos que esta novela es un western moderno ambientado en el siglo XXI que se desarrolla en el mismo suelo sobre el que Ransom Stoddard podría haber colgado su placa de licenciado en leyes hace siglo y medio; allí donde se ambientaron tantas películas maravillosas de esas que ya no se hacen.

En junio se ha anunciado el estreno de una serie de TV basada en las novelas de Johnson. Muestro a continuación el trailer.

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Ficha técnica:
Fría venganza (Siruela, 2012), de Craig Johnson.
Título original: The Cold Dish (2005)
Tapa blanda con solapas. 399 páginas.
Calificación: 4 Cadáveres (Muy buena)

El último buen beso (RBA, 2011) de James Crumley

Posted in 5 fiambres, Escritores de EE.UU., Hombres que cuentan crímenes, James Crumley, Novela negra with tags , , , on 18 septiembre 2011 by uncadaverenmiblog

Si James Crumley (Three Rivers, Texas, EE.UU., 1939 – Missoula, Montana, EE.UU., 2009) sólo hubiese narrado las idas y venidas de un pobre diablo por el oeste de EE.UU. tal vez se hubiese convertido igual en un escritor de culto pero con seguridad no hubiese escrito una novela tan buena. El periplo del detective C.W. Sughrue incluye todo el catálogo que se podría esperar de una desmadrada road movie por el oeste de EE.UU.: sexo barato en moteles polvorientos donde nadie hace preguntas, alcohol de garrafón, bares repletos de humo, perdedores y olor a sudor, una nevera en el coche para mantener las cervezas frías y pueblos de mala muerte con sheriffs poco amigos de perroflautas de poco madrugar y menos a pasar por la ducha. El hecho de que al protagonista le hayan encargado localizar a un escritor desaparecido recuerda El largo adiós (Raymond Chandler, 1953) pero este personaje es tan excesivo que podría confundirse con un disparate típico de guionistas de Hollywood pasados de rosca si no fuese porque por el camino acepta un trabajo imposible por $87 USD.

Surghue y quién sabe si también el propio Crumley representan esa ética tan americana de tomar la vida según te llega sin quejas ni celebraciones. La ética del haz lo que quieras siempre y cuando no esperes que sea otro el que pague la factura por ti. Pero al final, lo que hace de esta novela algo más que un desmadre alcoholizado son los $87; es decir, la innegociable compasión por la adolescente que desapareció macerada con melancolía, escepticismo y mucho pesimismo post Vietnam. Así que el detective C.W. Sughrue puede ser un pobre diablo, pero habría suscrito sin dudar las palabras de su antecesor:

Soy un romántico, Bernie. Durante la noche oigo gemidos y voy a ver qué pasa.  (El largo adios, Raymond Chandler)

Excesivo, con más sentido del humor, similares dosis de marginalidad e idéntica exigencia literaria, Crumley recuerda a Lawrence Block. Dos eslabones entre los grandes del género y los que triunfaron a finales del siglo XX. Si ser un escritor de culto es sinónimo de alta consideración por parte de la crítica, elogiosas referencias por parte de sus colegas escritores y pocas ventas, Crumley encarna esta condición mejor que cualquier otro autor. Así lo atestiguan las críticas esparcidas a lo largo y ancho de Internet, los obituarios en los más importantes periódicos anglosajones y el reconocimiento de escritores como Lehane, Pelecanos o Connelly, que vinieron detrás de él, recogieron el testigo del hardboiled americano y que –ellos sí- acabaron convirtiéndose en bestselling authors.

Hollywood le pagó durante diez años por escribir guiones que jamás se convirtieron en películas y ninguna novela suya fue llevada nunca al cine. En una entrevista que le hicieron antes de morir reconoce que no le hubiese importado  haber sido el autor de bestsellers que nunca fue. Lo que no sabremos es cuánto de sus ventas hubiesen dado los autores de bestsellers que le sucedieron a cambio de escribir una novela tan buena como El último buen beso.

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Ficha técnica:
El último buen beso (RBA, 2011), de James Crumley.
Título original: The Last Good Kiss (1978)
Tapa blanda con solapas. 304 páginas.
Calificación: 5 Cadáveres (Excepcional)
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