Archive for the Arthur Conan Doyle Category

En busca de Sherlock Holmes (y V)

Posted in Arthur Conan Doyle, Escritores británicos, Escritores europeos, Hombres que cuentan crímenes, Novela negra with tags , , , on 11 marzo 2012 by uncadaverenmiblog

“Nunca imaginé que esta clase de personas existiese sino en las novelas”.

Watson sobre Sherlock Holmes. Estudio en escarlata, 1887.

Tras la muerte de Arthur Conan Doyle surgieron en todo el mundo innumerables asociaciones que tenían por objeto comentar la vida y obras de Sherlock Holmes y que hablaban del personaje como si de alguien real se tratara. Dicen que Borges, que se encontraba entre los seguidores del detective inglés, comentó con cierto sarcasmo que “nunca tantos escribieron tanto para tan pocos”.

Pero había muchas cosas por aclarar, muchos vacíos y silencios en el canon que debían ser investigados. Sugerencias en los personajes y sus vidas que el autor no había desarrollado y que convertían a Holmes en un diamante en bruto. Con el paso de los años se convirtió en precursor de innumerables protagonistas del género negro o del detectivesco, desde el detective lógico y racional que desarrolló de una manera mucho más sofisticada (y tramposa) Agatha Christie hasta los detectives alcoholizados y con familias desestructuradas de la segunda mitad del siglo XX o de la forense Scarpetta o del Grissom de CSI o de House. Todos estos y muchos más tienen algo de Holmes y ninguno es él y comparado con ellos el inquilino del 221B de Baker Street resulta hoy algo ingenuo. Pero la vigencia de Sherlock Holmes 125 años después de la publicación de Estudio en escarlata se explica no tanto por lo que ACD escribió sino por lo que sugirió y dejó sin desarrollar, tal vez sin ser enteramente consciente de ello.

El cine no tardó en explotar a Sherlock Holmes. De las innumerables películas basadas en Holmes me quedo sin dudar con La vida privada de Sherlock Holmes (Billy Wilder, 1970). Cierto que la película no hace hincapié en los aspectos detectivescos y que incluso tiene algo de paródica. Pero Wilder supo guiarse por lo que se intuye de los relatos de ACD más que por lo que se lee. Es además una síntesis del universo Sherlock Holmes: con su misterioso hermano Mycroft, sus adicciones, su Inglaterra victoriana, las tiranteces que se adivinan en su convivencia con Watson y un trasunto de Irene Adler cuya foto colocaría en el envés de la tapa de su reloj de bolsillo. Su vida privada, en definitiva, a lo que Wilder añadió su sentido del humor y algo de melancolía. Muestro a continuación el comienzo de la película:

Mientras,  esperamos el estreno del Holmes de Garci, cuyo título provisional es “Holmes. Madrid Suite 1890”. Un proyecto que los oyentes de Cowboys de medianoche hemos tenido la oportunidad de acompañar en directo desde la puesta en marcha hasta su rodaje, que cuenta con guión de Garci y de Eduardo Torres Dulce y está protagonizada por el gran Gary Piquer.

Pero el origen de todo es el canon.  A él, en definitiva, hay que acudir para intentar comprender el mito y empaparse del mundo Holmes.  Hoy, 125 años después de la primera publicación y habiéndose escrito ríos de tinta sobre el mito, no se debería prescindir de una edición comentada como la magnífica publicada por  Valdemar traducida y comentada por Juan Antonio Molina Foix.

Edición: no me resisto a poner un trailer apócrifo de la peli de Garci que van a estrenar en breve. ¡Qué final! (el del trailer). ¡Qué ganas de ver la peli!

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En busca de Sherlock Holmes (IV)

Posted in Arthur Conan Doyle, Escritores británicos, Escritores europeos, Novela negra with tags , , , on 8 marzo 2012 by uncadaverenmiblog

¿Cuántas veces le he dicho que cuando se ha eliminado lo imposible, lo que queda, aunque improbable, tiene que ser la verdad?

Sherlock Holmes. El signo de los cuatro (1890)

Watson contempla la figura de Holmes desde el exterior del 221B de Baker Street (S. Paget)

Leo en una novela de Ian Rankin que  no es posible visitar la casa natal de Arthur Conan Doyle en Edimburgo pues hace años que la derribaron para construir un McDonald’s. Como desagravio, levantaron una estatua de Sherlock Holmes en la plaza donde se encontraba la casa que de alguna manera simboliza la victoria del detective sobre su creador. Sir Arthur debe de estar todavía revolviéndose en su tumba. Pero a cambio sí es posible visitar el londinense 221B de Baker Street que sólo existió tras una renumeración de la calle llevada a cabo tras la muerte del autor escocés. La casa es propiedad de un banco –hoy incorporado al Banco Santander- que desde hace años atiende la correspondencia dirigida a Sherlock Holmes procedente de todos los países del mundo. Lo real se derriba y lo ficticio de asume como real: ésta es otra regla no escrita del Gran Juego. Aunque considerar el canon como real provoque no pocos problemas de interpretación nada fáciles de superar.

Entre los intereses de Holmes figuran también las drogas y éste constituye uno de los aspectos más espinosos del canon. No estoy seguro de que en este caso el modo en que se trata su adicción a la cocaína sea enteramente responsabilidad de Watson sino más bien del autor. Tal vez ACD tan sólo pretendía añadir un toque de sofisticación a un personaje aficionado a experimentar con todo. Según nos dice WatsonHolmes abandonaba su hábito cuando se encontraba excitado por la investigación de un caso y sólo recurría a él como medio para combatir el tedio.

Epílogo de “El valle del miedo”, 1915. Ilustración de Frank Wiles.

Seguro que algún miembro de las innumerables asociaciones holmesianas que hay repartidas por el mundo ha analizado si es coherente el comportamiento descrito por Watson con el de un cocainómano, pero en las caracterizaciones del siglo XXI destinadas a públicos de todas las edades se pasa de puntillas por este rasgo del detective cuando no se ignora abiertamente.

Por lo demás, hay demasiados silencios al respecto. ¿Abandonó Sherlock Holmes su hábito en algún momento? Si es así, ¿cuándo? ¿Padecería síndrome de abstinencia? ¿Le ayudaría Watson a superarlo? Si no es así ¿cómo asumir la degradación mental que el observador Watson debió de apreciar en Holmes por causa del consumo prolongado de cocaína y que no se menciona en todo el canon? ¿Cómo se abastecería? ¿Pediría a los Irregulares de Baker Street que le adquiriesen cocaína en los bajos fondos de Londres? ¿Acudiría disfrazado a la esquina donde se encontrase su camello de confianza? ¿Qué pensaría de esto el inspector Lestrade? Last but not least … ¿Estará relacionado su consumo de drogas con el hecho de que no se le conozcan relaciones estables?

Irene Adler, disfrazada, saluda a Holmes que entra en el 221B, también disfrazado. Sidney Paget, 1891.

La sexualidad de Holmes ha hecho correr ríos de tinta. Era inevitable que en algún momento surgiese la teoría de la homosexualidad reprimida del detective pero también los ha habido que han sostenido su asexualidad más absoluta o que han defendido su recurso continuado a la prostitución. En el mundo holmesiano, cuando la información escasea se debe acudir a las tradiciones apócrifas y según éstas Irene AdlerHolmes se encontraron de nuevo tras el retiro del detective e incluso tuvieron un hijo. Cierto que Watson fue categórico cuando afirmó que el amor era algo inimaginable en Holmes pues “su inteligencia fría, llena de precisión, pero admirablemente equilibrada, era en extremo opuesta a cualquier clase de emociones”. Pero ¿quién podría realmente creerse algo así? ¿Quién querría? ¿Se puede aceptar que alguien así se encuentra realmente equilibrado? El lector tiene derecho a creer que Watson hace trampas. Holmes se excita, se entusiasma, ama la vida, la literatura, la música, el arte. Las emociones no le son ajenas y, además, ¿puede aceptarse que le interese todo menos las mujeres? Resulta más creíble un Holmes tan cortés como tímido y tan vanidoso como inseguro con vergüenza de reconocer sus pasiones más profundas y que contó con un amigo cómplice que nunca desveló este aspecto de su personalidad. Un Holmes capaz de suscitar la admiración de Irene Adler pero inseguro a la hora de enamorarla.

Mary Morstan, la mujer de Watson. Ilustración de Sidney Paget, 1890.

La relación de Watson con las mujeres tiene menos misterio: apuesto y enamoradizo, afirmaba orgulloso que su experiencia con el sexo opuesto se extendía a naciones de tres continentes. Dado lo formal que era, diversas autoridades en la materia le asignan hasta seis esposas lo que llevó a Dorothy Sayers a afirmar que:

Parece existir una conspiración para proporcionar a Watson más esposas que Enrique VIII aunque sólo una se menciona en las historias del canon y sólo una parece haber dejado una huella duradera en su corazón.

Muchos holmesianos han querido tanto a Watson que se han inventado esposas que le permitiesen tomar distancia con Sherlock y aliviasen su soledad pero Sayers hubiese preferido que su matrimonio con Mary Morstan no se hubiese quedado en un hecho pasajero concluido con la muerte de ésta sólo tres años después de la boda.

Porque hay muchos Sherlock Holmes y si excluimos las teorías más disparatadas -como aquella que identifica a Holmes con Jack el Destripador– gran parte de ellos están en el canon. Tal vez parte del éxito del mito radique en lo que ACD sugirió más que en lo que el doctor Watson nos contó.

En busca de Sherlock Holmes (III)

Posted in Arthur Conan Doyle, Escritores británicos, Escritores europeos, Hombres que cuentan crímenes, Novela negra with tags , , , on 6 marzo 2012 by uncadaverenmiblog

¡Vamos, Watson, vamos!  -gritó- ¡El juego está en marcha. Ni una palabra! ¡Vístase y vamos!

(La aventura de Abbey Grange, 1904)

Holmes y Moriarty cayendo a las cataratas de Reichenbach

Holmes y Moriarty cayendo a las cataratas de Reichenbach (Sidney Paget, 1893)

Como biógrafo de Sherlock Holmes, Watson tiene sus limitaciones, contradicciones y silencios. Si en la primera novela nos describe un Holmes obsesivo y algo bruto que, salvo lo referente al crimen y a algunas áreas científicas, despreciaría cualquier conocimiento que no le resultara práctico, en El signo de los cuatro (1890), podemos leer:

Tuvimos una cena alegre. Cuando quería, Holmes hablaba por los codos […] Habló en rápida sucesión de una serie de temas: autos sacramentales, cerámica medieval, violines Stradivarius y los buques de guerra del futuro, tratando cada materia como si la hubiera estudiado expresamente

Son tiempos de cambios y novedades. Londres es la capital del mundo y el rompeolas del Imperio, y en la segunda novela Holmes ya ha pasado a ser un sofisticado autodidacta que se interesa por todo. Este Holmes será el que perdure a lo largo del canon:  el melómano que disfruta del buen vino, el interesado por la pintura moderna que habla siete idiomas, que cita a Goethe, Shakespeare o Flaubert … y por supuesto, que ha leído a Poe.

Si además hubiera podido leer a los autores de novela negra del siglo XX habría caído en la cuenta de que hay un abismo que le separa de los detectives que vendrán. Para Holmes el criterio de selección de casos es lo desafiantes que le parecen más que la posible obligación moral hacia sus potenciales clientes. Esto último será la motivación de la mayoría de los personajes que vengan después, sobre todo de los americanos, pero no fue intención de Arthur Conan Doyle la de crear un héroe vengador y justiciero, el detective fundamentalmente moral que triunfará en el siglo XX.

Ilustración de Su último saludo (1917), de Alfred Gilbert

PD James afirma que parte del éxito de la novela detectivesca británica anterior a la II Guerra Mundial radica en garantizar al lector que ocurra lo que ocurra siempre se restablecerá el orden establecido. Holmes es un hombre satisfecho con la época que le ha tocado vivir y aunque posea una cierta tendencia a seguir su moral privada antes que la social, el lector puede confiar en que, en definitiva, con el detective consultor siempre se restablecerá el orden. A pesar de sus excentricidades, Holmes se encuentra lejos de poder ser considerado como un transgresor, pero lo que deja bien claro Watson –y en esto no tenemos por qué pensar que nos oculta algo- es que lo que mueve al detective es el divertimento; le entusiasman los retos, la excitación de averiguar algo que se aparece como imposible; encontrar un rival a su altura y derrotarlo.  El juego, eso es lo que le pone.

Habrá algunas excepciones, por supuesto, y el hombre que grabó a balazos las iniciales VR (Victoria regina) en la pared de la sala de estar del 221B de Baker Street, no podrá rehusar cuando a principios del más terrible mes de agosto de la historia del mundo, el primer ministro británico solicite su colaboración para desenmascarar a un espía alemán. Es el inicio de la I Guerra mundial y el mundo de HolmesWatson está a punto de desaparecer; ese mundo donde se iba a la guerra en busca de aventuras y en el que enfrentarse con criminales era un juego. Pero antes del final, Sherlock Holmes saldrá de su retiro para realizar una última jugada.

En busca de Sherlock Holmes (II)

Posted in Arthur Conan Doyle, Escritores británicos, Escritores europeos, Hombres que cuentan crímenes, Novela negra with tags , , , on 2 marzo 2012 by uncadaverenmiblog

Nos vimos al día siguiente e inspeccionamos las habitaciones del 221B de Baker Street […] Cerramos el trato allí mismo y de inmediato tomamos posesión de ellas.

(Estudio en escarlata, 1887)

Regla número uno: desconfía del cine y la televisión. Sherlock Holmes era un joven de 25 años cuando en 1881 se encuentra con Watson -que es un par de años mayor- y juntos se van a vivir al 221B de Baker Street. Según los principales cronologistas, lo que podríamos llamar la “vida pública” de HolmesWatson transcurre en los 22 años que van de 1881 a 1903; es decir, entre los 25 y los 47 años del detective asesor. Se suele señalar que la ridícula gorra de cazador de gamos y el omnipresente macfarlán con capote que se identifican con el detective no aparecen mencionados en todo el canon, pero se acostumbra a pasar por alto que la juventud de la pareja pocas veces se refleja en TV y cine donde incluso se les ha mostrado como un par de sesentones, en vez de dos jóvenes que comparten piso porque no se pueden permitir vivir en el centro de la City por su cuenta.

Con los años, Holmes ganaría pequeñas fortunas con su trabajo de detective y cabe pensar que a Watson no le fue nada mal como escritor. Pero exceptuando los periodos en que Watson se casó, permanecieron voluntariamente juntos aunque ya no necesitaran compartir los gastos del piso. Watson debió de apreciar de la vida en común con Holmes la oportunidad de convivir con un personaje del que inmediatamente captó su genialidad y que le permitía vivir las aventuras que –forzado su licenciamiento por sus heridas de guerra físicas y psíquicas- no había podido experimentar durante su etapa en el ejército de la India.  Con Holmes conoció reyes, príncipes, científicos, artistas y mujeres de las que enamorarse; nada mal para un licenciado prematuro del ejército de la reina que a duras penas sobrevivía con su pensión. A cambio, la convivencia no debió de resultar sencilla con un hombre caótico que cuando no se entretenía disparando un revólver en la sala de estar,  atufaba de humo el piso o sencillamente le expulsaba de la casa porque tenía que pensar en un caso.

Planta del 221B de Baker Street

En realidad, Watson dista mucho del patán simplón que nos mostraron en la serie de películas de la Universal protagonizadas por Basil Rathbone. Por lo menos fue lo suficientemente inteligente como para reconocer la excepcionalidad de Holmes sin sentirse acomplejado ni tentado de competir con él. La inteligencia, como siempre es poliédrica y Holmes se habría sentido a gusto con una persona noble e inteligente que le reconociese como alguien fuera de lo normal sin por ello sentir envidia y que vibrase con los éxitos del detective y los sintiese como suyos. Un amigo, vamos, el único amigo de Holmes que se nos muestra en todo el canon aunque, como propio Holmes le recuerda con falta de tacto en El sabueso de los Baskerville, el doctor tampoco cuenta con un solo amigo íntimo. Eran dos solitarios, en definitiva.

Pero ni siquiera Holmes pudo compensar la atracción que las mujeres causaban en su amigo y que le llevaba irremisiblemente a enamorarse y casarse. De un cirujano del 5º de Fusileros reales de Northumberland no se podía esperar otra cosa que el matrimonio, naturalmente. Pero cuando Watson se mudó del 221B de Baker Street, Holmes se negó a felicitarle, echó mano de su frasco de cocaína y no buscó sustituto para el doctor.

Lo más que comenta Watson ante la mezquindad de su amigo es un lacónico “Me sentí un poco ofendido“. El lector tiene derecho a pensar que la lealtad del doctor  hacia el detective le habría impedido ir más allá en el relato de su convivencia. Pero eso nos lleva a la segunda regla del Juego: si deseas conocer a Holmes no te fíes de Watson. No totalmente.

En busca de Sherlock Holmes (I)

Posted in Arthur Conan Doyle, Escritores británicos, Escritores europeos, Hombres que cuentan crímenes, Novela negra with tags , on 27 febrero 2012 by uncadaverenmiblog

Hablemos de Sherlock Holmes. Los especialistas denominan a esta actividad el Juego, y consiste en elaborar un relato y una cronología coherentes sobre la personalidad y la vida del detective consultor basándose en la obra de Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 1859 – Sussex, 1930).

Pero para introducirse en el Juego hay que remontarse a los orígenes de Holmes y a la particular relación que mantuvo con su autor, y recordar que sólo habían transcurrido cuatro años desde la presentación del detective en Estudio en escarlata, cuando Sir Arthur  reveló a su madre su intención de matar al detective porque le distraía de hacer cosas mejores. Si esta entrada de blog fuese un relato detectivesco podríamos concluir que las limitaciones en la definición de los personajes del canon holmesiano, las contradicciones y los silencios no son sino fruto del poco interés que sir Arthur tuvo por su obra, del poco cariño que sintió  por el detective y del hecho de que Doyle fue un escritor prolífico y ambicioso que nunca pretendió pasar a la posteridad por causa de Sherlock Holmes.

Sin embargo, a pesar de sir Arthur, de sus ambiciones literarias y de sus habilidades como narrador, la gran aportación de Doyle a la literatura y al género detectivesco fue la introducción del detective que empleaba métodos científicos y deducción lógica en la resolución de los crímenes. El perfil básico que quedó marcado para la posteridad incluía una inteligencia extrema de la que es consciente, una cierta alergia a las relaciones afectivas y algo de misantropía, pero no resulta amenazante en ningún caso y su actividad está principalmente encaminada a hacer el bien.

El personaje ha sido copiado hasta la saciedad y a lo largo de las décadas se ha visto sometido a innumerables mutaciones en literatura, cine y televisión, pero hay que reconocer que hay algo del talento de Doyle que no es copiable. Por ejemplo, que todos los relatos y novelas del canon tienen algo de detectivesco pero muchas narraciones se podrían incluir también en el género de aventuras, novela negra e incluso novela gótica. A Doyle no le cabe su literatura ni en un relato de Sherlock Holmes ni siquiera en una de las cuatro novelas del canon; y leyéndolo uno advierte con frecuencia que Holmes es la excusa del autor para contarnos otras cosas. Historias, por ejemplo, de tesoros perdidos de marajás de la India (El signo de los cuatro, 1890), de logias masónicas criminales (El valle del terror, 1915), de aventuras y sectas cristianas en el Lejano Oeste (Estudio en escarlata, 1887) o de misteriosas maldiciones del pasado en forma de terroríficos y monstruosos perros (El sabueso de los Baskerville, 1902). La segunda parte de El valle del terror, por continuar con el ejemplo, es un violento y duro hardboiled digno del Hammett de Cosecha roja sin más que sustituir Poisonville por el valle minero de Vermissa y el agente de La Continental por un colega de la Pinkerton.

Visto el panorama, cómo podía no odiar a HolmesDoyle era un narrador de primera y seguramente fue también el primero en percatarse de que Holmes estaba llegando mucho más lejos de lo que él nunca pretendió hasta el punto de ocultar con su sombra su talento como escritor. De hecho hoy en día hablamos de Hammett, de Chandler, de PD James o de Agatha Christie; pero  se habla mucho menos de Arthur Conan Doyle que de Sherlock Holmes, el personaje que los lectores le arrebataron hasta el día de hoy.

Y si en su día se escapó de las manos de Doyle, hoy Sherlock Holmes es un mito al que ha contribuido el cine y la televisión que se encuentra incluso fuera del alcance del canon. En el siglo XXI, Holmes es un mito dentro de un mito dentro de una ficción que a su vez ha creado otros mitos. Cómo resistirse en estas circunstancias a volver al lugar donde todo empezó; a hacer de aprendiz de jugador y volver a los orígenes, a entrar en el Juego, a los relatos y novelas de Sir Arthur que dieron fama al inquilino del 221B de Baker Street y eliminar los elementos extraños como se eliminan suciedades, barnices y añadidos en un cuadro restaurado.

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