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Trece detectives (Montesinos, 2009), de G. K. Chesterton

Posted in 4 fiambres, Escritores británicos, G. K. Chesterton, Hombres que cuentan crímenes, Novela negra with tags , , , on 29 mayo 2010 by uncadaverenmiblog

De acuerdo con G. K. Chesterton (Londres, 1874 – Beaconsfield, 1936) el lenguaje ya estaba deformado cuando, en los años 30, se le acusaba de propagandista. Aunque afirmaba no tener nada en contra de la propaganda, sostenía que, en la mayoría de las ocasiones en las que se le acusaba de practicar tal cosa, lo único que estaba haciendo era ser él mismo; es decir, ser católico.

Sus contemporáneos más intransigentes debieron de haber acabado hasta la gorra de él porque Chesterton, ni ejercitándose en el arte de elaborar paradojas podía dejar de ser el intelectual que fue e impregnar sus relatos con lo que él era (¿y por qué iba a dejar de hacerlo?)

Hoy, entrados en el siglo XXI, no sólo su pensamiento y sus paradojas resultan interesantes al lector. Sus relatos nos muestran la Inglaterra cansada de entreguerras ignorante de que se agotaban los últimos días del Imperio y del esfuerzo que aún habrían de realizar para sobrevivir. Por estos trece relatos se pasean jóvenes ex combatientes de la Gran Guerra en paro que aceptan con desgana un empleo como detectives (El asesinato de las columnas blancas);  viejos militares retirados y cansados (La fantástica aventura del comandante Brown); hay también jóvenes ambiciosos que querrían emular la gloria de sus mayores; diletantes, escépticos, simples y sobre todo, mucho excéntrico.

Más paradojas: el protagonismo pertenece a estos últimos: los raros, aquellos que jamás saldrían elegidos para representar las mejores virtudes del inglés pero que en realidad son los depositarios de lo mejor de su tradición.  Como el juez Basil, que antes de abandonar hastiado la carrera judicial llegó a decir a un condenado:

Le condeno a usted a tres años de prisión, pero tengo la firme y solemne convicción, inspirada por Dios, de que lo que usted necesita son tres meses de playa.

Pues eso, el Chesterton que Borges tanto admiraba y cuyas paradojas dicen que quiso emular.

En los últimos relatos surge el Cherterton intelectual y combativo. Son historias densas, más interesantes que entretenidas y que tienen un sentido más allá del divertimento, de la paradoja y del ingenio. En ellas la clave del relato es ir más allá de la motivación del asesino; es identificar qué no ha funcionado bien para que la moral no haya servido de freno a los deseos del asesino. Y si el relato estrictamente policiaco está sujeto a los cánones de la época, un poco pasados de moda, el trasfondo intelectual no puede resultar más vigente. En estos relatos Chesterton se despacha a gusto con los ateos militantes, los cientifistas a quienes trata de estúpidos y acusa de no tener argumento alguno sobre el que justificar su moral. Si Dios no existe, todo está permitido, pero Chesterton hubiese sido un mal ensayista si defendiese la religión sólo por servir de soporte a una moral que evite que nos matemos unos a otros. Al final, hay una razón, por eso desprecia intelectualmente a los ateos militantes que irracionalmente dicen basarse en la ciencia para defender su ateísmo. Toda una paradoja.

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Ficha técnica:
Trece detectives (Montesinos, 2009), de G. K. Chesterton.
Título original: Thirteen Detectives (1989)
Calificación: 4 Cadáveres (Muy buena).
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