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Un baile en el matadero (Factoría de Ideas, 2007), de Lawrence Block

Posted in 5 fiambres, Escritores de EE.UU., Hombres que cuentan crímenes, Lawrence Block, Novela negra with tags , , , on 15 diciembre 2009 by uncadaverenmiblog

La vida privada de Philip Marlowe

La soledad, el exceso de alcohol y el absoluto escepticismo son una autopista que lleva a la depresión y al alcoholismo. Todo esto estaba en la novela negra mucho antes que Lawrence Block (Buffalo, NY, 1938) y ha permanecido allí después, pero no conozco a ningún autor que se haya tomado tan en serio lo que otros apuntaron; que haya sumado dos y dos y haya concluido en qué acaba la vida privada de los Marlowe, Spade, Rebus, Bosch o Kenzie cuando nadie mira, cuando cerramos los libros y pueden ser ellos mismos.

Habíamos dejado a Matt Scudder en la última página de Ocho millones de maneras de morir reconociendo entre lágrimas su alcoholismo en una sesión de Alcohólicos Anónimos, en cualquier iglesia de Nueva York.  Diez años después,  Scudder es un sobrio y solitario alcohólico que sobrevive pateando las calles de Manhattan, quedando con viejos amigos, asistiendo a combates de boxeo y bebiendo litros de café en reuniones de AA en las que permanece en silencio mientras escucha hablar a otros alcohólicos. Tiene también una novia prostituta con la que queda siempre que los clientes no la mantienen ocupada. Estamos a principios de los 90 y ahora, en las calles de Nueva York hay además SIDA, videoclubs y cintas de vídeo caseras. Un día, un colega de AA le pasa una cinta de Doce del patíbulo (EE. UU., 1967) que ha alquilado y que contiene dentro algo más que Lee Marvin y Charles Bronson .

Es entonces cuando el alcohólico anónimo se transforma de nuevo en héroe anónimo, en justiciero de las víctimas perdidas, las que nadie reclama, aquellas cuyo verdadero nombre nadie conoce. Lo hace con convicción pero sin justificación porque, como insiste hasta la saciedad Lawrence Block, cuando Matt Scudder piensa “los quiero muertos” no tiene detrás ninguna explicación que dar pues este hombre no cree en nada. Todo muy contemporáneo: no hay en los tiempos que corren ni en este género algo más políticamente correcto que carecer de razones que respalden una moral; cualquier moral. Pero Block lleva el escepticismo y el vacío argumental al extremo. A falta de argumentos que esgrimir todo sale del estómago vacío de alcohol de Matt Scudder, incluidos sus minuciosos planes de venganza. Todo es visceral, porque sí, porque tiene que hacerlo, porque es un cabezón testarudo con obligaciones morales aunque no quiera ni sepa justificarlas y de lo único que está seguro es de que es alcohólico y que, lo que sea que haya que hacer tiene que hacerlo él mismo.

El resultado tiene que ser amargo, aunque no lo es del todo. Lejos de la distante y autocomplaciente superioridad moral progre con la que otros autores presentan el escepticismo de sus protagonistas, Matt Scudder es un hombre confundido que afirma no saber ni por qué lleva diez años manteniéndose sobrio, no sabe por qué va a misa ni por qué comulga pues, por no ser, ni siquiera es católico. No sabe -o dice no saber-  siquiera si es mejor que aquellos animales que persigue. Pero si no fuera por este alcohólico anónimo nadie en la Gran Manzana haría justicia con las víctimas anónimas de la ciudad de Nueva York.

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Ficha técnica:
Un baile en el matadero (Factoría de Ideas, 2007), de Lawrence Block.
Título original: A Dance in the Slaughterhouse (1991)
Calificación: Más clásicos de Lawrence Block. 5 Cadáveres (excepcional).

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