Archivo para Laura Lippman

Colgando de un hilo (Punto de lectura, 2007), de Laura Lippman

Posted in 4 fiambres, Escritores de EE.UU., Laura Lippman, Mujeres que cuentan crímenes, Novela negra with tags , , , on 28 noviembre 2009 by uncadaverenmiblog

colgando de un hiloLlegó de Jerusalén un lunes y ya estábamos a jueves. A la hora de la comida, tocado con su kipá y llevando consigo los paquetes de comida kosher envasada que se había traído de Israel, mi colega se retiraba a una sala de reuniones para almorzar solo. Cabe suponer que, tras las largas jornadas laborales que sufrimos aquellos días, nuestro colega cogía un taxi, entraba en la habitación de su hotel y cenaba su comida envasada mientras esperaba la hora de llamar a casa para hablar con su familia. Puede que a los ojos de un judío sea goy (gentil), pero me han enseñado que la comida es sagrada y que sea para trabajar o para realizar cualquier otra actividad, hay que comer como Dios manda. Así que acudí a Google.

Entre la Plaza del Pintor Sorolla (Iglesia) y la Glorieta de Quevedo, en pleno barrio de Chamberí, se concentra la pequeña comunidad judía de Madrid. Hay una sinagoga, una carnicería y un restaurante kosher, La Escudilla que, de los restaurantes de ese tipo que encontré en Google, me pareció la opción más acertada para invitar a cenar a mi colega. Allí nos pimplamos dos botellas de vino kosher (entre los dos), tratamos de hablar de cosas que no tuvieran que ver con el trabajo y se echó unas parrafadas en hebreo con la camarera. En una de esas la camarera se dirigió a mí en un español con un saleroso acento andaluz: estos judíos de Jerusalén son muy raritos. Pues eso, judíos hablando de judíos, como en Colgando de un hilo.

laura lippman

Un destacado miembro de la comunidad judía ortodoxa de Baltimore acude al despacho de la detective judeo-irlandesa Tess Monaghan para pedirle que encuentre a su mujer e hijos, desaparecidos. Él no lo sabe, pero su familia ha iniciado un extraño viaje a ninguna parte por carreteras de segunda y poblaciones sin ningún encanto y él acaba de iniciar otro viaje paralelo que acabará cuando descubra lo que ya sabía pero no quería saber. Porque tal vez la verdad nos haga libres, pero también puede hacernos muy infelices.

Judíos son por tanto los personajes, el ambiente y cabe suponer que también la autora pues Lippman figura en las bases de datos de Internet como uno de los apellidos tradicionales de la rama asquenazí. No deja de tener su interés como lo tiene el que nos hablen de la historia cotidiana de la comunidad judía de Baltimore pues, conocer lugares remotos y comunidades de personas ajenas al lector, ha sido desde siempre uno de los atractvos de la literatura. Pero ese no deja de ser el decorado pues la novela trata de engaños, mentiras, equivocaciones, estupidez y vanas esperanzas; de por qué en ocasiones nos empeñamos en querer a las personas que no nos pueden querer mientras rechazamos a los que nos quieren por cuestiones que, en realidad, no son importantes. Y eso no puede ser más universal.

Por la misma regla de tres, como le ocurría a mi colega llegado de Jerusalén, en la soledad de la habitación de hotel de un país extranjero tras una pesada jornada laboral todos, judíos o goim tenemos algo en común: sólo somos solitarios cansados pensando en lo que estará pasando lejos de ahí.

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Ficha técnica:
Colgando de un hilo (Punto de Lectura, 2007), de Laura Lippman.
Título original: By Spider's thread (2004)
Calificación: 4 Cadáveres (muy buena).
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Un año de blog. Laura Lippman, fiambrera de oro 2009 por Lo que los muertos saben (Ediciones B, 2009)

Posted in Novela negra with tags , , , , , , , , , , , , , on 21 noviembre 2009 by uncadaverenmiblog

Alguien me comentó en una ocasión que el premio literario más saludable es aquel que el jurado se da sí mismo y a los lectores por haber tenido la oportunidad de leer un buen libro.  Una celebración del acto de leer, un reconocimiento al hecho de que nos gusta que nos cuenten buenas historias, que nos gusta el plato que nos preparan los escritores y las editoriales, que nos sirven las librerías y que consumimos en los sofás de nuestras casas, en la cama antes de caer rendidos, en los vagones del metro, en el autobús o en las largas esperas de las consultas de los médicos.

Y como todo aquello que nos hace disfrutar también nos gusta compartirlo. Más aún cuando, en literatura, conviene desconfiar de los suplementos literarios de los periódicos y de los premios instituidos, normalmente infectados de corrección política cuando no de intereses editoriales. En literatura lo más fiable es el boca a boca y su versión más moderna: los blogs.

Pero hace ya un año que empecé con el blog y  lo que procede es hacer balance de lo que de novela negra he leído y premiar las mejores historias. Es decir, premiarme a mí mismo por haberlas leído. Ni que decir tiene que estos “premios” carecen de cualquier rigor y objetividad. Porque forzosamente sólo he leído una pequeñísima muestra de lo publicado y porque la literatura es por naturaleza subjetiva, estos premios son radicalmente injustos. Pero me lo perdono a mí mismo porque, como el blog, no tienen ninguna pretensión.

Aparte de las novelas que he reseñado en el blog, este año he leído por primera vez a Benjamin Black (El lémur, Alfaguara 2009), formalmente bueno, bien escrito, breve, y también distante, frío. Me ha dejado indiferente.

Me dejó muy buen sabor de boca la inédita (en español) primera novela de Dennis Lehane Un trago antes de la guerra (RBA 2009) publicada recientemente y que me ha hecho lamentar el que su autor hace tiempo que interrumpiese la serie de los detectives Patrick Kenzie y Angela Gennaro.

También RBA reeditó el clásico de Jim Thompson, El asesino dentro de mí (RBA, 2008), y me volvió a dejar esa mezcla de desasosiego y asombro ante alguien que se ha puesto en la piel de un asesino; uno de los de verdad, cotidiano, vulgar, frío, amoral; me pregunto cómo lo habrá hecho.

Lo siento por la legión de seguidores del irlandés John Connolly pero lo he vuelto a intentar, esta vez con su segunda novela, El poder de las tinieblas (Tusquets 2004), y no me han quedado muchas ganas de hacer la reseña. Es Connolly un autor al que se le notan los esfuerzos por crear monstruos más y más truculentos, retorcidos y macabros pero, por mucho que consiga que se palpe el mal en su estado más puro, hace falta algo más que eso, toneladas de violencia y algo de esoterismo para escribir una buena novela.

De las que he reseñado en el blog destaco La tercera virgen (Siruela, 2008), de Fred Vargas, porque soy de los que le toleran todo a la autora francesa por muy inverosímiles que resulten algunos pasajes de sus historias. Y porque me hace reír, que no es poco.  Petirrojo (RBA, 2008), de Jo Nesbo, ha sido la mejor nórdica que he leído este año, a la espera de atacar la última de MankellLa playa de los ahogados (Siruela, 2009), la excelente segunda novela de Domingo Villar, mejoraba la primera y me transmitía ganas de visitar las Rías Bajas. Disfruté con la energía de Pelecanos en El jardinero nocturno (Ediciones B, 2009) y  naturalmente, agradezco a RBA que haya rescatado la descatalogada Ocho millones de maneras de morir (RBA, 2008), de Lawrence Block. Y como revelación exótica, Abasse Ndione, el senegalés autor de Ramata (Rocaeditorial, 2008) me hizo disfrutar con su tragedia contemporánea ambientada en el Senegal.

Hay que destacar que 2009 tal vez sea el año en que se ha publicado la última novela de la nonagenaria PD James. Y sí, tal vez no sea Muerte en la clínica privada (Ediciones B, 2009) su mejor novela pero, a estas alturas, esta escritora que no tiene que demostrar nada es incapaz de escribir algo que no sea muy bueno.

Pero la fiambrera de oro le corresponde a la gran Laura Lippman, la reservada escritora de Baltimore, a su novela Lo que los muertos saben (Ediciones B, 2009) y su visión del crimen vista por el lado de las víctimas; sobre lo difícil que puede resultar para ellas convivir con la esperanza y eludir la culpa. Aunque no tengan culpa alguna; nosotros lo sabemos, ellas no siempre lo sienten así, no siempre pueden prescindir de ella o no siempre quieren.  Todo ello en Baltimore,  la ciudad donde vivió y murió Edgar Allan Poe, el padre de todos los escritores de novela negra.

Y a vosotros ¿qué novela os ha gustado más de las que habéis leído este último año?

Lo que los muertos saben (Ediciones B, 2009), de Laura Lippman

Posted in 5 fiambres, Escritores de EE.UU., Laura Lippman, Mujeres que cuentan crímenes, Novela negra with tags , , , on 15 junio 2009 by uncadaverenmiblog

Treinta años y una mancha de aceite

Lo queA pesar de que el catálogo de La casa del libro sólo muestra tres novelas suyas traducidas al español -la primera de ellas editada en 2007- Laura Lippman (Atlanta, EE.UU, 1959) es una veterana y consagradísima escritora de novela negra con 15 libros publicados desde 1997 que ha ganado todos los premios literarios del género negro habidos y por haber. Viene esto a cuento de que Laura Lippman es una escritora extraordinaria que –como suele ser habitual- nos llega tarde y con cuentagotas. O por lo menos extraordinaria es la novela que reseño, que es la primera de la autora que leo aunque espero que se acaben traduciendo y publicando todos sus libros, que son muchos y, por lo que parece, van a ser muchos más, porque esta es una de esas autoras que van a libro por año.

La historia narrada en Lo que los muertos saben, se remonta a la Semana Santa de 1975: la desaparición de dos hermanas –Sunny y Heather Bethany– en un centro comercial de Baltimore, hecho que según palabras de la autora estaría tomado de un suceso real. Nunca fueron encontradas. Treinta años después, al ser detenida e interrogada por la policía tras verse envuelta en un accidente de tráfico, una mujer entrada en los cuarenta afirma ser Heather, la pequeña de las hermanas Bethany.

Hay quien establece paralelismos entre la historia que nos narra la presunta Heather Bethany de Lo que los muertos saben y el personaje de Verbal Kint (Kevin Spacey) en Sospechosos habituales.

Lippman

Pero si la película de Bryan Singer no era más que un divertido juego lleno de trampas en el que la pregunta que flotaba en el aire era quién era el fantasmagórico Keyser Söze, aquí lo que se negocia es quién es esta mujer sin nombre que dice ser la pequeña de las dos hermanas Bethany, qué fue de las niñas, qué pasó con su familia tras la desgracia y cómo salieron adelante, si es  que salieron adelante.  Y trampas, las justas. Alrededor del interrogatorio de la mujer sin nombre se desarrollará una investigación paralela que la autora interrumpe de vez en cuando para mostrarnos mediante flashbacks qué fue lo que ocurrió con las hermanas, sus padres y las personas involucradas en la investigación a partir de aquel aciago día de marzo de 1975.  Cualquier parecido con  Sospechosos habituales es puramente formal.

La mayoría de las novelas del llamado género negro nos narra una historia desde el punto de vista de un investigador que, en la mejor tradición del género, sentirá una obligación moral hacia las víctimas que le llevará a continuar la investigación hasta el final. Otros, menos pero muy señalados, nos cuentan el más escabroso punto de vista del asesino. Pero son muy pocos los que se ponen en la piel de la víctima, lo que resulta siempre más  delicado, arriesgado e incómodo. Y ésta es una de esas novelas.

Particularmente destacable es la caracterización de Myriam, la madre de las niñas, la mujer que rechaza cualquier tipo de compasión porque ni quiere ni puede compartir su dolor con nadie y que se acaba convirtiendo en la verdadera protagonista de  la historia. Una historia cuyo desenlace acabará presenciando, aunque tendrá que esperar para ello treinta años y una mancha de aceite.

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Ficha técnica:
Lo que los muertos saben (Ediciones B, 2009), de Laura Lippman.
Título original: What the Dead Know (2007)
Calificación: Para recordar. 5 Cadáveres (excepcional).
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