Archivo para Benjamin Black

La rubia de ojos negros (Alfaguara, 2014), de Benjamin Black

Posted in 4 fiambres, Benjamin Black, Escritores europeos, Escritores irlandeses, John Banville, Novela negra, Raymond Chandler with tags , , , , , , on 28 marzo 2014 by uncadaverenmiblog

Marlowe enamorado

La rubia de ojos negrosEl proyecto era de entrada imposible. Si Banville-Black, tras aceptar el encargo de escribir una novela protagonizada por Philip Marlowe, hubiera calcado a Chandler, no hubiera aportado nada y posiblemente hubiese hecho el ridículo. Y si, como ha ocurrido, imprime algo de su estilo, el lector no puede menos que recordar que Chandler consideraba a los autores británicos como los mejores escritores aburridos del mundo. Aunque en este caso se trate de un autor irlandés.

La rubia de ojos negros es una secuela de El largo adiós (Raymond Chandler, 1953) y depende tanto de ésta que no recomiendo que se lea a Benjamin Black sin haberla leído previamente. Pero sólo en las noches de lluvia y si se ha bebido lo suficiente podrían confundirse las metáforas y los símiles de Chandler con los de Banville. Las descripciones de Chandler eran un festín, las de Banville saben a relleno; las novelas de Chandler son un tren que nos lleva en zigzag a un lugar desconocido y en el que una misteriosa mujer con la falda demasiado corta y que nos lanza ocasionales e indescifrables miradas se sienta en el asiento contiguo; la primera mitad de la novela de Banville es una excursión en un coche de lujo, con chófer y aire acondicionado pero sin ruedas, gasolina ni mujer. Pero conceptos como el ritmo y el misterio no parecen ser relevantes para un aspirante al Nobel.

John BanvilleAunque mi mayor objeción a Banville tiene que ver con el propio Marlowe pues, como dejó escrito Chandler, el protagonista lo es todo. PD James dijo de Marlowe que era un caballero andante, alguien irreal, lo que podría interpretarse como una crítica si no fuese porque en Chandler esa característica es intencionada. El Marlowe de Chandler nunca hubiera dicho cosas como “los hay que nacimos estrellados”; la autocompasión le hubiera producido sarpullidos y, en palabras de su creador, tenía la conciencia social de un caballo. Del Marlowe de Chandler nunca hubiéramos sabido lo que pensaba y cómo se sentía si no fuera por los diálogos y la acción. No sabemos por qué eligió su profesión, pero si hubiese sido por dinero, no rechazaría los casos de divorcio. Marlowe era un misterio que Banville ha pensado con osadía infinita que podía desvelar.

¿Por qué habría entonces que leer esta novela? Porque, a pesar de que el proyecto era imposible, los fieles echamos de menos al detective. Y porque Banville no deja de ser un buen escritor, y reflejado en su relato se encuentran fugazmente tanto Chandler como la nostalgia de las viejas novelas que ya no leemos. Es sólo por momentos, pero, a veces, al final de la novela, los dos autores se sintonizan y el viejo amigo está ahí. Sólo por eso se le perdona momentáneamente al autor irlandés su falta de humildad y el lector se siente satisfecho cuando cierra el libro.

No hay buenas adaptaciones al cine de El largo adiós pero sí de otras novelas de Marlowe. La mejor sin duda, para mí, es El sueño eterno (The Big Sleep, Howard Hawks, 1946), con Bogart y Bacall; y Martha Vickers; y la colaboración de Dorothy Malone; y guión de Faulkner y muchas manos más.  Para ver de rodillas.

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Ficha técnica:
La rubia de ojos negros (Alfaguara, 2014), de Benjamin Black.
Título original: The Black-Eyed Blonde: A Philip Marlowe Novel (2014)
Tapa blanda con solapas.326 páginas.
Calificación: 4 Cadáveres (Muy buena)
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Un año de blog. Laura Lippman, fiambrera de oro 2009 por Lo que los muertos saben (Ediciones B, 2009)

Posted in Novela negra with tags , , , , , , , , , , , , , on 21 noviembre 2009 by uncadaverenmiblog

Alguien me comentó en una ocasión que el premio literario más saludable es aquel que el jurado se da sí mismo y a los lectores por haber tenido la oportunidad de leer un buen libro.  Una celebración del acto de leer, un reconocimiento al hecho de que nos gusta que nos cuenten buenas historias, que nos gusta el plato que nos preparan los escritores y las editoriales, que nos sirven las librerías y que consumimos en los sofás de nuestras casas, en la cama antes de caer rendidos, en los vagones del metro, en el autobús o en las largas esperas de las consultas de los médicos.

Y como todo aquello que nos hace disfrutar también nos gusta compartirlo. Más aún cuando, en literatura, conviene desconfiar de los suplementos literarios de los periódicos y de los premios instituidos, normalmente infectados de corrección política cuando no de intereses editoriales. En literatura lo más fiable es el boca a boca y su versión más moderna: los blogs.

Pero hace ya un año que empecé con el blog y  lo que procede es hacer balance de lo que de novela negra he leído y premiar las mejores historias. Es decir, premiarme a mí mismo por haberlas leído. Ni que decir tiene que estos “premios” carecen de cualquier rigor y objetividad. Porque forzosamente sólo he leído una pequeñísima muestra de lo publicado y porque la literatura es por naturaleza subjetiva, estos premios son radicalmente injustos. Pero me lo perdono a mí mismo porque, como el blog, no tienen ninguna pretensión.

Aparte de las novelas que he reseñado en el blog, este año he leído por primera vez a Benjamin Black (El lémur, Alfaguara 2009), formalmente bueno, bien escrito, breve, y también distante, frío. Me ha dejado indiferente.

Me dejó muy buen sabor de boca la inédita (en español) primera novela de Dennis Lehane Un trago antes de la guerra (RBA 2009) publicada recientemente y que me ha hecho lamentar el que su autor hace tiempo que interrumpiese la serie de los detectives Patrick Kenzie y Angela Gennaro.

También RBA reeditó el clásico de Jim Thompson, El asesino dentro de mí (RBA, 2008), y me volvió a dejar esa mezcla de desasosiego y asombro ante alguien que se ha puesto en la piel de un asesino; uno de los de verdad, cotidiano, vulgar, frío, amoral; me pregunto cómo lo habrá hecho.

Lo siento por la legión de seguidores del irlandés John Connolly pero lo he vuelto a intentar, esta vez con su segunda novela, El poder de las tinieblas (Tusquets 2004), y no me han quedado muchas ganas de hacer la reseña. Es Connolly un autor al que se le notan los esfuerzos por crear monstruos más y más truculentos, retorcidos y macabros pero, por mucho que consiga que se palpe el mal en su estado más puro, hace falta algo más que eso, toneladas de violencia y algo de esoterismo para escribir una buena novela.

De las que he reseñado en el blog destaco La tercera virgen (Siruela, 2008), de Fred Vargas, porque soy de los que le toleran todo a la autora francesa por muy inverosímiles que resulten algunos pasajes de sus historias. Y porque me hace reír, que no es poco.  Petirrojo (RBA, 2008), de Jo Nesbo, ha sido la mejor nórdica que he leído este año, a la espera de atacar la última de MankellLa playa de los ahogados (Siruela, 2009), la excelente segunda novela de Domingo Villar, mejoraba la primera y me transmitía ganas de visitar las Rías Bajas. Disfruté con la energía de Pelecanos en El jardinero nocturno (Ediciones B, 2009) y  naturalmente, agradezco a RBA que haya rescatado la descatalogada Ocho millones de maneras de morir (RBA, 2008), de Lawrence Block. Y como revelación exótica, Abasse Ndione, el senegalés autor de Ramata (Rocaeditorial, 2008) me hizo disfrutar con su tragedia contemporánea ambientada en el Senegal.

Hay que destacar que 2009 tal vez sea el año en que se ha publicado la última novela de la nonagenaria PD James. Y sí, tal vez no sea Muerte en la clínica privada (Ediciones B, 2009) su mejor novela pero, a estas alturas, esta escritora que no tiene que demostrar nada es incapaz de escribir algo que no sea muy bueno.

Pero la fiambrera de oro le corresponde a la gran Laura Lippman, la reservada escritora de Baltimore, a su novela Lo que los muertos saben (Ediciones B, 2009) y su visión del crimen vista por el lado de las víctimas; sobre lo difícil que puede resultar para ellas convivir con la esperanza y eludir la culpa. Aunque no tengan culpa alguna; nosotros lo sabemos, ellas no siempre lo sienten así, no siempre pueden prescindir de ella o no siempre quieren.  Todo ello en Baltimore,  la ciudad donde vivió y murió Edgar Allan Poe, el padre de todos los escritores de novela negra.

Y a vosotros ¿qué novela os ha gustado más de las que habéis leído este último año?

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