En busca de Sherlock Holmes (I)

Hablemos de Sherlock Holmes. Los especialistas denominan a esta actividad el Juego, y consiste en elaborar un relato y una cronología coherentes sobre la personalidad y la vida del detective consultor basándose en la obra de Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 1859 – Sussex, 1930).

Pero para introducirse en el Juego hay que remontarse a los orígenes de Holmes y a la particular relación que mantuvo con su autor, y recordar que sólo habían transcurrido cuatro años desde la presentación del detective en Estudio en escarlata, cuando Sir Arthur  reveló a su madre su intención de matar al detective porque le distraía de hacer cosas mejores. Si esta entrada de blog fuese un relato detectivesco podríamos concluir que las limitaciones en la definición de los personajes del canon holmesiano, las contradicciones y los silencios no son sino fruto del poco interés que sir Arthur tuvo por su obra, del poco cariño que sintió  por el detective y del hecho de que Doyle fue un escritor prolífico y ambicioso que nunca pretendió pasar a la posteridad por causa de Sherlock Holmes.

Sin embargo, a pesar de sir Arthur, de sus ambiciones literarias y de sus habilidades como narrador, la gran aportación de Doyle a la literatura y al género detectivesco fue la introducción del detective que empleaba métodos científicos y deducción lógica en la resolución de los crímenes. El perfil básico que quedó marcado para la posteridad incluía una inteligencia extrema de la que es consciente, una cierta alergia a las relaciones afectivas y algo de misantropía, pero no resulta amenazante en ningún caso y su actividad está principalmente encaminada a hacer el bien.

El personaje ha sido copiado hasta la saciedad y a lo largo de las décadas se ha visto sometido a innumerables mutaciones en literatura, cine y televisión, pero hay que reconocer que hay algo del talento de Doyle que no es copiable. Por ejemplo, que todos los relatos y novelas del canon tienen algo de detectivesco pero muchas narraciones se podrían incluir también en el género de aventuras, novela negra e incluso novela gótica. A Doyle no le cabe su literatura ni en un relato de Sherlock Holmes ni siquiera en una de las cuatro novelas del canon; y leyéndolo uno advierte con frecuencia que Holmes es la excusa del autor para contarnos otras cosas. Historias, por ejemplo, de tesoros perdidos de marajás de la India (El signo de los cuatro, 1890), de logias masónicas criminales (El valle del terror, 1915), de aventuras y sectas cristianas en el Lejano Oeste (Estudio en escarlata, 1887) o de misteriosas maldiciones del pasado en forma de terroríficos y monstruosos perros (El sabueso de los Baskerville, 1902). La segunda parte de El valle del terror, por continuar con el ejemplo, es un violento y duro hardboiled digno del Hammett de Cosecha roja sin más que sustituir Poisonville por el valle minero de Vermissa y el agente de La Continental por un colega de la Pinkerton.

Visto el panorama, cómo podía no odiar a HolmesDoyle era un narrador de primera y seguramente fue también el primero en percatarse de que Holmes estaba llegando mucho más lejos de lo que él nunca pretendió hasta el punto de ocultar con su sombra su talento como escritor. De hecho hoy en día hablamos de Hammett, de Chandler, de PD James o de Agatha Christie; pero  se habla mucho menos de Arthur Conan Doyle que de Sherlock Holmes, el personaje que los lectores le arrebataron hasta el día de hoy.

Y si en su día se escapó de las manos de Doyle, hoy Sherlock Holmes es un mito al que ha contribuido el cine y la televisión que se encuentra incluso fuera del alcance del canon. En el siglo XXI, Holmes es un mito dentro de un mito dentro de una ficción que a su vez ha creado otros mitos. Cómo resistirse en estas circunstancias a volver al lugar donde todo empezó; a hacer de aprendiz de jugador y volver a los orígenes, a entrar en el Juego, a los relatos y novelas de Sir Arthur que dieron fama al inquilino del 221B de Baker Street y eliminar los elementos extraños como se eliminan suciedades, barnices y añadidos en un cuadro restaurado.

6 comentarios to “En busca de Sherlock Holmes (I)”

  1. La criatura ha trascendido a su creador.
    Y entre los que se esfuerzan por participar en el Gran Juego los hay muy interesantes.
    Slds.

  2. uncadaverenmiblog Says:

    Sobre todo hay que ver lo en serio que se lo toman …

    Un saludo.

  3. Enmascarado Says:

    Fenomenal artículo. Efectivamente, el personaje devoró al autor.
    Un abrazo

  4. uncadaverenmiblog Says:

    Herr Friedrich Blume. Usted por aquí, nuevamente. Reciba un fuerte abrazo.

  5. Flames Says:

    Prolongada ausencia. Acabo de entrar pensando ya que este blog había desaparecido.

    Respecto a Sherlock…. me he leído gran parte del Canon y lo que me más me gusta es el mito. No le encuentro demasiado interés a lo escrito por Conan Doyle, no me atrapa más que en momentosmuy puntuales. Exceptuaría “Estudio en escarlata” y “El valle del terror (o miedo”.

  6. uncadaverenmiblog Says:

    No, Flames. Es que no siempre tiene uno cosas que decir ni tanto tiempo para leer como a uno le gustaría.

    El valle del terror me parece la mejor de sus novelas, aunque recientemente me he releído “El sabueso” y he disfrutado como un enano. Ade más ltanto relatos como novelas tienen un gran aliciente: son breves.

    Saludos.

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