Chicago way (Rocaeditorial, 2008), de Michael Harvey

En El halcón maltés, Sam Spade replicará a la asesina de la que se ha enamorado cuando ésta le suplique que no la entregue a la policía:

Mírame y dime la verdad —le dijo [ella]—. ¿Te hubieras comportado así si el halcón hubiese sido auténtico y hubieras recibido tu parte?

—¿Qué importa eso ahora? No estés tan segura de que tengo tan poca honradez como algunos dicen. Esa fama puede ser conveniente, pues te trae a la puerta asuntos caros y te facilita las cosas al luchar contra el enemigo.

Brigid O’Shaughnessy, la hermosa mujer fatal que ha matado al socio de Sam Spade no entiende nada: sabe que Spade – como tantos antes que él – está colado por ella pero aún así está dispuesto a entregarla, así que se pregunta si en el fondo no será todo una vulgar cuestión de dinero. Definitivamente ha entendido al personaje de Dashiell Hammet tan poco como muchos novelistas modernos de novela negra.

Porque así eran los personajes de Hammett: se enamoran de asesinas, tienen mala fama, hacen el primo, pero tienen claro quién es el enemigo. Ahora bien, hay que tener el talento de Hammett hacer sentir al lector la emoción de un hombre que entrega a la silla eléctrica a la mujer que ama. Y eso no se imita. Como diría Johnny Caspar en Muerte entre las flores (adaptación de dos novelas de Dashiell Hammett), estamos hablando de ética, estamos hablando de carácter, estamos hablando de amistad. Estamos hablando de novela negra y de literatura de la buena.

¿Y tiene algo de esto la novela de Michael Harvey?

Desde la primera página, cuando el detective privado y ex-policía protagonista de la novela recibe en su despacho la visita de un antiguo compañero del cuerpo para hablarle de un viejo caso, uno ya sabe el tipo de novela que se le ofrece:

Detecté a Gibbons antes de verlo […] Desde la cintura a los hombros era de una sola dimensión: enorme. […] por los orificios de sus narices se podían divisar los cuartos trasteros de los últimos callejones de Chicago.

Está claro que imitar a Chandler no va a salvar su novela, pero si comparásemos a todos los novelistas con el autor de Adiós Muñeca, pocas novelas salvaríamos de la quema.

Y Sin ser Adiós, Muñeca, Chicago Way es una novela más que digna. Añade además algunos elementos que el autor domina a la perfección como son el ritmo frenético, y el mantener la historia siempre por delante del lector, aunque para ello haya metido en la novela todo lo que se le ha ocurrido: viejos crímenes sin resolver, asesinos en serie, corrupción, mafia, voces del pasado que claman venganza. Quizá demasiada cosa. Pero el americano Michael Harvey es guionista de series de TV y sabe como meter en un episodio de 40 minutos una historia que un guionista europeo habría contado en una película de 3 horas.

Ya se ha publicado su segunda novela, The Fith Floor, ambientada también en Chicago y de la que hay disponible un trailer en YouTube aunque todavía no ha sido publicada en español.

Su primera novela es desde luego recomendable así que posiblemente, compraré también esta segunda. Aunque en el fondo todos sabemos que cuando hablamos de novela negra hablamos de algo más: hablamos de ética, hablamos de carácter, hablamos de amistad.

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Ficha técnica:
Chicago Way (Rocaeditorial, 2008), de Michael Harvey.
Título original: Chicago Way (2007)
Calificación: Una digna actualización de los clásicos. 3 Cadáveres (Buena).

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