En busca de Sherlock Holmes (II)
Nos vimos al día siguiente e inspeccionamos las habitaciones del 221B de Baker Street [...] Cerramos el trato allí mismo y de inmediato tomamos posesión de ellas.
(Estudio en escarlata, 1887)
Regla número uno: desconfía del cine y la televisión. Sherlock Holmes era un joven de 25 años cuando en 1881 se encuentra con Watson -que es un par de años mayor- y juntos se van a vivir al 221B de Baker Street. Según los principales cronologistas, lo que podríamos llamar la “vida pública” de Holmes y Watson transcurre en los 22 años que van de 1881 a 1903; es decir, entre los 25 y los 47 años del detective asesor. Se suele señalar que la ridícula gorra de cazador de gamos y el omnipresente macfarlán con capote que se identifican con el detective no aparecen mencionados en todo el canon, pero se acostumbra a pasar por alto que la juventud de la pareja pocas veces se refleja en TV y cine donde incluso se les ha mostrado como un par de sesentones, en vez de dos jóvenes que comparten piso porque no se pueden permitir vivir en el centro de la City por su cuenta.
Con los años, Holmes ganaría pequeñas fortunas con su trabajo de detective y cabe pensar que a Watson no le fue nada mal como escritor. Pero exceptuando los periodos en que Watson se casó, permanecieron voluntariamente juntos aunque ya no necesitaran compartir los gastos del piso. Watson debió de apreciar de la vida en común con Holmes la oportunidad de convivir con un personaje del que inmediatamente captó su genialidad y que le permitía vivir las aventuras que –forzado su licenciamiento por sus heridas de guerra físicas y psíquicas- no había podido experimentar durante su etapa en el ejército de la India. Con Holmes conoció reyes, príncipes, científicos, artistas y mujeres de las que enamorarse; nada mal para un licenciado prematuro del ejército de la reina que a duras penas sobrevivía con su pensión. A cambio, la convivencia no debió de resultar sencilla con un hombre caótico que cuando no se entretenía disparando un revólver en la sala de estar, atufaba de humo el piso o sencillamente le expulsaba de la casa porque tenía que pensar en un caso.
En realidad, Watson dista mucho del patán simplón que nos mostraron en la serie de películas de la Universal protagonizadas por Basil Rathbone. Por lo menos fue lo suficientemente inteligente como para reconocer la excepcionalidad de Holmes sin sentirse acomplejado ni tentado de competir con él. La inteligencia, como siempre es poliédrica y Holmes se habría sentido a gusto con una persona noble e inteligente que le reconociese como alguien fuera de lo normal sin por ello sentir envidia y que vibrase con los éxitos del detective y los sintiese como suyos. Un amigo, vamos, el único amigo de Holmes que se nos muestra en todo el canon aunque, como propio Holmes le recuerda con falta de tacto en El sabueso de los Baskerville, el doctor tampoco cuenta con un solo amigo íntimo. Eran dos solitarios, en definitiva.
Pero ni siquiera Holmes pudo compensar la atracción que las mujeres causaban en su amigo y que le llevaba irremisiblemente a enamorarse y casarse. De un cirujano del 5º de Fusileros reales de Northumberland no se podía esperar otra cosa que el matrimonio, naturalmente. Pero cuando Watson se mudó del 221B de Baker Street, Holmes se negó a felicitarle, echó mano de su frasco de cocaína y no buscó sustituto para el doctor.
Lo más que comenta Watson ante la mezquindad de su amigo es un lacónico “Me sentí un poco ofendido“. El lector tiene derecho a pensar que la lealtad del doctor hacia el detective le habría impedido ir más allá en el relato de su convivencia. Pero eso nos lleva a la segunda regla del Juego: si deseas conocer a Holmes no te fíes de Watson. No totalmente.

2 marzo 2012 a 17:34
Es interantísmo el hilo que has cogido, no lo sueltes so pena de que nos pille el minotauro

Y al hilo de lo que explicas, ni soy ortodoxo ni purista pero me parece una frivolidad innecesaria que la nueva adaptación televisiva americana incorpore a Lucy Liu como Watson: ¡elemental mi queridA Watson!
Seguramente de haber sido Watson mujer no hubieran vivido juntos en ese apartamento cuya ilustración muestras, (muy buena por cierto) y si lo hubieran hecho no se habría escrito ni la mitad de casos
Slds
4 marzo 2012 a 10:11
Bufff … una mujer haciendo de Watson … es rizar el rizo demasiado. La última adaptación de Sherlock llevada a cabo por la BBC tiene episodios magníficos, como el primero de la primera temporada Estudio en rosa lleno de guiños hacia Estudio en escarlata. Y la traslación de la pareja al siglo XXI me parece muy lograda pero convertir a Watson en mujer me parece excesivo. Estos americanos no respetan nada
Habrá que verla en todo caso.
Un saludo.
5 marzo 2012 a 11:59
Entonces parece que las nuevas películas (reconozco no haber visto ninguna) respetan eso de la juventud de los protagonistas… Sin embargo, me es difícil quitarme de la cabeza la pareja Rathbone-Bruce.
Saludos!
5 marzo 2012 a 14:14
Bueno, “Sherlock”, la serie de la BBC, sí lo respeta, aunque hay que tener en cuenta que se traen a Holmes al siglo XXI y no es totalmente homologable. Pero me da la impresión de que, salvando el desplazamiento temporal, intentan ser lo más fieles que pueden y las edades corresponden.
La serie de películas de Robert Sownly Jr y Jude Law el problema que tienen es que son poco fieles al espíritu del canon. Pero la edad de los personajes podría corresponder.
Un saludo.
6 marzo 2012 a 09:07
La serie de la BBC más que “respetar” lo que hace es un montón de guiños a la serie original, muy inteligentes algunos.
Respecto al personaje de Watson, coincido en que el Canon no lo pone de tonto… pero tampoco de listo: sería el referente literario neutro para que a través de sus ojos veamos lo que sucede, pero sin saber hasta el final qué está pasando.
6 marzo 2012 a 09:58
A mí la serie de la BBC me ha encantado pero más por curiosidad que por otra cosa. El primer episodio de la primera temporada es magnífico, pero luego no mantienenel nivel, ni en el resto de la 1ª temporada ni en la segunda. Aún así, ver cómo se traen los personajes del canon al siglo XXI, es divertidísimo.
Saludos.
6 marzo 2012 a 13:38
Y hablando de autores que acaban odiando y matando al personaje…. inevitable hablar de Wallander.
Mankell se ha empeñado en “convertirse” en un escritor comprometido con África y tal y tal. A mí no me interesa esa faceta suya. Además tiene libros de serie negra que no son con Wallander y que están muy bien. Y no me refiero a los de la caprichosa hija de Wallander.
Y de paso –hablando de Mankell y de la BBC– me gustó mucho la serie de Wallander de la BBC, con Kenneth Branagh
6 marzo 2012 a 19:40
Yo a Mankell ya no le soporto. Sus últimas novelas de Wallander estaban cargadas de unas pretensiones políticas que daban vergüenza ajena. Eso lo saben hacer mucho mejor los ingleses tipo Le carré o Robert Harris pero Mankell … demasiado burdo, demasiado indisimulado. Yo ya no le leo.
La serie de la BBC de Wallander es magnífica. ¡Ay, si tuviéramos una BBC”
Saludos.