Entre la promesa del verano y el frío del invierno (Paidos, 2007), de Leif GW Persson

Publicado en 4 fiambres, Escritores europeos, Escritores nórdicos, Hombres que cuentan crímenes, Leif GW Persson, Novela negra con etiquetas , , , el 18 septiembre 2011 por uncadaverenmiblog

Antaño, uno de los aspectos más interesantes de la novela negra sueca era el paisaje de fondo del país que era buque insignia del Estado de Bienestar. Aunque uno nunca tenía claro si lo estaban criticando, si era melancolía lo que les suscitaba contemplar el cambio que experimentaba su país o si simplemente se habían quedado boquiabiertos y absortos, sin nada que decir salvo contemplar el panorama que a sus ojos amenazaba ruina.

Eran los buenos tiempos de Mankell, cuando aún no se había sentido llamado a descifrar las claves de la política internacional de una forma patosa y pretenciosa y en la pequeña Ystad se desarrollaba el drama del cambio generacional y social. Los del Estado de Bienestar también lloramos –parecían decirnos-, nos deprimimos y tenemos carencias que nuestro Estado paternalista y secularizado no nos ha sabido resolver. Si no tuviésemos suficiente con la soledad, la falta de afecto, la depresión, el alcoholismo y nuestras desestructuradas familias, además están surgiendo nuevos fenómenos que no controlamos. Al final, las cuestiones solían quedar en el aire a la espera de que alguien les diese una respuesta que nunca llegaba.

Luego llegó Larsson, y era otra cosa. Con sus fantasiosas historias y su descarado Copy&Paste de tramas de autores británicos y americanos barnizado con unas pretensiones moralizantes un tanto infantiloides propias de un  lector progre de Público, obtuvo tanto éxito que resultó inevitable el desembarco de un ejército de escritores, no sólo suecos sino nórdicos en general, que en la mayoría de los casos incumplían el primer mandamiento del escritor de novela negra y que el propio Larsson había tenido mucho cuidado en no vulnerar: no ser aburridos.

Reconozco en todo caso que no los he leído todos; imposible hacerlo dado su número si al mismo tiempo se desea no desatender a los británicos y americanos, cosa que un aficionado no quiere hacer porque siguen siendo con diferencia los mejores. Pero sí he leído a los suficientes como para escribir algún día una entrada sobre los restos del naufragio literario nórdico; y de entre tanto nombre superpoblado de consonantes tendré que rescatar a Leif GW Persson (Estocolmo, 1945).

Porque Persson pertenece a la estirpe del Mankell de los 90 aunque para darnos su visión sobre el declive del Estado de Bienestar se haya remontado a los 80 y al asesinato aún sin resolver de Olof Palme. Tal vez fue ese el momento en que todo comenzó a ir mal; o quizás ya todo iba muy mal por aquel entonces, con los escritores suecos nunca parece estar claro el mensaje que quieren transmitir. Ácido y sarcástico; irónico y en ocasiones tan basto como un menú de albóndigas con arenques y aguardiente, principalmente cuando se trata de describir los ritos de apareamiento suecos, Persson no deja títere con cabeza si exceptuamos un par de héroes inconformistas que no se resignan a confundirse entre tanta mediocridad.

Los temas sociales que tocaba Mankell están casi todos ahí directa o indirectamente, aunque le falta lo más valioso: le falta Wallander, el personaje carismático que su creador llegó a odiar tal vez sin percatarse de que en literatura los autores rara vez tienen una segunda oportunidad de acertar con un personaje. Pero a mí me ha servido para reconciliarme, aunque sea sólo momentáneamente, con la novela negra sueca porque Persson es el único autor de ese país que está a la altura del  Henning Mankell de Wallander.

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Ficha técnica:
Entre la promesa del verano y el frío del invierno. El declive del estado de bienestar. Parte I.
Paidós, 2007, de Leif GW Persson.
Título original: Mellan sommarens längtan och vinterns köld (2002)
Tapa dura. 681 páginas.
Calificación: 4 Cadáveres (Muy buena)

El último buen beso (RBA, 2011) de James Crumley

Publicado en 5 fiambres, Escritores de EE.UU., Hombres que cuentan crímenes, James Crumley, Novela negra con etiquetas , , , el 18 septiembre 2011 por uncadaverenmiblog

Si James Crumley (Three Rivers, Texas, EE.UU., 1939 – Missoula, Montana, EE.UU., 2009) sólo hubiese narrado las idas y venidas de un pobre diablo por el oeste de EE.UU. tal vez se hubiese convertido igual en un escritor de culto pero con seguridad no hubiese escrito una novela tan buena. El periplo del detective C.W. Sughrue incluye todo el catálogo que se podría esperar de una desmadrada road movie por el oeste de EE.UU.: sexo barato en moteles polvorientos donde nadie hace preguntas, alcohol de garrafón, bares repletos de humo, perdedores y olor a sudor, una nevera en el coche para mantener las cervezas frías y pueblos de mala muerte con sheriffs poco amigos de perroflautas de poco madrugar y menos a pasar por la ducha. El hecho de que al protagonista le hayan encargado localizar a un escritor desaparecido recuerda El largo adiós (Raymond Chandler, 1953) pero este personaje es tan excesivo que podría confundirse con un disparate típico de guionistas de Hollywood pasados de rosca si no fuese porque por el camino acepta un trabajo imposible por $87 USD.

Surghue y quién sabe si también el propio Crumley representan esa ética tan americana de tomar la vida según te llega sin quejas ni celebraciones. La ética del haz lo que quieras siempre y cuando no esperes que sea otro el que pague la factura por ti. Pero al final, lo que hace de esta novela algo más que un desmadre alcoholizado son los $87; es decir, la innegociable compasión por la adolescente que desapareció macerada con melancolía, escepticismo y mucho pesimismo post Vietnam. Así que el detective C.W. Sughrue puede ser un pobre diablo, pero habría suscrito sin dudar las palabras de su antecesor:

Soy un romántico, Bernie. Durante la noche oigo gemidos y voy a ver qué pasa.  (El largo adios, Raymond Chandler)

Excesivo, con más sentido del humor, similares dosis de marginalidad e idéntica exigencia literaria, Crumley recuerda a Lawrence Block. Dos eslabones entre los grandes del género y los que triunfaron a finales del siglo XX. Si ser un escritor de culto es sinónimo de alta consideración por parte de la crítica, elogiosas referencias por parte de sus colegas escritores y pocas ventas, Crumley encarna esta condición mejor que cualquier otro autor. Así lo atestiguan las críticas esparcidas a lo largo y ancho de Internet, los obituarios en los más importantes periódicos anglosajones y el reconocimiento de escritores como Lehane, Pelecanos o Connelly, que vinieron detrás de él, recogieron el testigo del hardboiled americano y que –ellos sí- acabaron convirtiéndose en bestselling authors.

Hollywood le pagó durante diez años por escribir guiones que jamás se convirtieron en películas y ninguna novela suya fue llevada nunca al cine. En una entrevista que le hicieron antes de morir reconoce que no le hubiese importado  haber sido el autor de bestsellers que nunca fue. Lo que no sabremos es cuánto de sus ventas hubiesen dado los autores de bestsellers que le sucedieron a cambio de escribir una novela tan buena como El último buen beso.

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Ficha técnica:
El último buen beso (RBA, 2011), de James Crumley.
Título original: The Last Good Kiss (1978)
Tapa blanda con solapas. 304 páginas.
Calificación: 5 Cadáveres (Excepcional)

La piscina de los ahogados (RBA, 2011), de Ross Macdonald

Publicado en 5 fiambres, Autores, Escritores de EE.UU., Hombres que cuentan crímenes, Novela negra, Ross Macdonald con etiquetas , , , el 22 junio 2011 por uncadaverenmiblog

La mirada del pecado

Dicen que fue a comienzos de los 60, apenas diez años después de que publicase la primera novela protagonizada por Lew Archer, que los críticos comenzaron a incluir a Ross Macdonald (California, 1915 – 1983) en el triunvirato de los grandes de la novela negra americana que completaban Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Una terna de autores tan respetable  que hasta un crítico literario de un suplemento cultural los podría elogiar sin vergüenza porque cuentan con el consenso de estar entre los mejores escritores del siglo XX de cualquier género literario. Y para muchos el mejor de los tres fue Macdonald.

Hammett, el más directo y natural, había nacido para crear un género; Chandler, más culto, aportó sofisticación pero donde Chandler ponía ironía, Macdonald puso sarcasmo y si los protagonistas de los dos primeros buscaban llevar la justicia a las calles, el detective de Macdonald buscaba algo mucho menos ambicioso pero más peligroso: Lew Archer buscaba la Verdad.

Hay que decir en honor a Macdonald que desde su incorporación al club de los grandes del hard boiled, este selecto grupo echó el cierre y no admite nuevas incorporaciones. Pero Macdonald es otra cosa y aunque sólo diez años separan la primera novela de Lew Archer (El blanco móvil, 1949) de la primera de Philip Marlowe (El sueño eterno, 1939) y veinte de la primera de Hammett (Cosecha roja, 1929), es toda una época lo que les separa pues el mundo de Hammett y Chandler ya no existe mientras que el de Macdonald sigue siendo plenamente contemporáneo.

Y si sus predecesores tuvieron algo de lúdico, en Macdonald siempre hubo más dolor. Si el Agente de la Continental o Marlowe tuvieron algo de caballero andante o de cirujano que extirpa de raíz el mal, el detective de Macdonald ejerció más como notario que levanta acta, como sacerdote que da la extremaunción o como médico forense realizando una autopsia. Aunque sus clientes no lo sepan, cuando Lew Archer entra en escena queda poco por hacer salvo conocer la desconsoladora pero liberadora verdad.

No falta quien comenta que Ross Macdonald se pasó toda su vida escribiendo la misma novela; historias con su mansión californiana con piscina habitada por mujeres que huelen a cloro y a sexo y vestidas con ropa de deporte e ira. Mujeres atrapadas y adolescentes perdidas; hombres brutales, egoístas, soñadores, crueles y frágiles. Hombres y mujeres con miedo y miradas tristes, la mirada del pecado. Casi todos infelices. Qué más da. Su novela era tan buena que podría haberla escrito treinta veces en vez de las diecisiete que forman la serie de Lew Archer.

Escritoras de la talla de PD James (Todo lo que sé sobre novela negra, Ediciones B, 2010) confiesan que de entre el triunvirato de grandes del hard-boiled, Macdonald es su favorito y le considera el maestro de los epítetos. Pero al contrario que sus compañeros de terna, pocas novelas suyas se encuentran en las librerías en español por lo que es de agradecer el que RBA esté poco a poco reeditando sus libros. La piscina de los ahogados, la segunda novela del autor, ha sido la última en ser publicada por esta editorial y es una de las pocas del autor que han sido llevadas al cine. Muestro a continuación una escena de la peli.

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Ficha técnica:
La piscina de los ahogados (RBA, 2011), de Ross Macdonald.
Título original: The Drowning Pool (1950)
Tapa blanda con solapas.272 páginas.
Calificación: 5 Cadáveres (Excepcional)

En piel ajena (RBA, 2011), de Tana French

Publicado en 4 fiambres, Escritores europeos, Escritores irlandeses, Mujeres que cuentan crímenes, Novela negra, Tana French con etiquetas , , , el 17 junio 2011 por uncadaverenmiblog

Amigos para siempre

En las novelas de Tana French (Vermont, EE.UU., 1975) personajes secundarios de una historia son protagonistas de la siguiente. Es una manera de agotar un personaje y pasar al siguiente que conviene al estilo de la autora, porque Tana French se ha especializado en exprimir como un limón a sus protagonistas y situarlos al borde de su ruina personal y profesional; en mostrar sus fragilidades, en colocarlos frente al precipicio de sus tentaciones más escondidas mientras el caso que investigan se va poco a poco difuminando.

Tras el desastre de la Operación Vestal relatada en El silencio del bosque, y su posterior traslado a la Brigada de Violencia Doméstica, Cassie Maddox toma las riendas de la serie y nos narra cómo echa de menos su antigua vida y a su compañero mientras da una y otra vuelta a la operación que hasta la fecha ha marcado negativamente su carrera profesional. Es entonces cuando una mujer aparece asesinada en los alrededores de la casa señorial donde vivía con cuatro amigos más. Lo extraordinario del caso es que se trata de una mujer cuyo pasado es imposible de rastrear porque usaba el nombre de la detective Maddox cuando trabajaba como agente encubierta y por si fuera poco la víctima y la agente son idénticas como dos gotas de agua; cuando estas cosas ocurren en una novela negra el siguiente paso es evidente: que la detective Maddox se haga pasar por la víctima y averigüe lo que sucedió.

El grupo de cuatro amigos en el que Cassie Maddox se va a infiltrar es singular: estudiantes de doctorado en el Trinity College de Dublín, todos procedentes de familias disfuncionales, se habían construido un mundo extraño a su alrededor. A fin de cuentas la universidad no deja de ser el lugar perfecto para huir de una realidad vulgar y en crisis sin esconderse de ella. Una regla explícita que se han impuesto los cuatro amigos les prohíbe hablar del pasado pero cuentan con muchas reglas implícitas, como pensar que es posible una vida de eternos postadolescentes estudiantes en la que todo está permitido salvo crecer. Demasiado tentador para la Cassie Maddox proclive a huir de la realidad.

Cuando el lector se quiere dar cuenta la autora le ha dado el cambiazo a la historia: de una novela policiaca hemos pasado a una historia que tiene que ver con el huir y el refugiarse; de aislarse pero no estar solo; de parar el tiempo y no crecer. Tal vez por eso no a todo el mundo le gusta Tana French aunque en mi opinión sea una de las novedades internacionales más interesantes de entre lo que nos llega traducido a España.

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Ficha técnica:
En piel ajena (RBA, 2011), de Tana French.
Título original: The Likeness (2008)
Tapa blanda con solapas. 649 páginas.
Calificación: 4 Cadáveres (Muy buena)
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